La banda liderada por David Grohl fue la gran protagonista de la jornada inaugural de Mad Cool 2026, que reunió a cerca de 57.000 asistentes en el recinto Iberdrola Music de Madrid. Con un repertorio repleto de clásicos y una puesta en escena contundente, Foo Fighters ofreció una actuación que confirmó la vigencia del rock de estadios ante miles de seguidores llegados de distintos países.
Una apertura multitudinaria para la novena edición de Mad Cool
El festival madrileño arrancó su novena edición con lleno absoluto en la primera de sus cuatro jornadas. Según datos de la organización, el 37% de los asistentes procedían del extranjero, con una destacada presencia de público británico.
A las diez de la noche, David Grohl apareció en escena vestido de negro, guitarra en mano y con la energía que le ha convertido en una de las figuras más reconocibles del rock contemporáneo. Tras dirigirse al público con un contundente “¿Estáis jodidamente preparados?”, la banda arrancó con All My Life, desatando la euforia inmediata entre los asistentes.
Desde ese momento, el concierto se convirtió en una demostración de fuerza sonora y conexión con el público. Durante dos horas y media, Foo Fighters desplegó una colección de himnos que evidenció que, aunque el rock haya perdido protagonismo en las plataformas de streaming, sigue conservando una enorme capacidad de convocatoria en directo.
David Grohl reivindica el espíritu del rock
En los primeros compases del espectáculo, Grohl lanzó una pregunta al público que resumió el espíritu de la noche: “¿Amáis el rock and roll? ¿Queréis rock and roll?”. La respuesta llegó en forma de miles de voces coreando cada canción.
El líder de la formación estadounidense protagonizó una actuación sobresaliente tanto en el plano vocal como físico. Recorrió el escenario sin descanso, alternando momentos de intensidad desbordante con gestos de complicidad hacia los asistentes.
La imagen de Grohl cantando con el cabello cubriéndole parcialmente el rostro y entregándose por completo a cada tema quedó como una de las estampas más recordadas de esta edición del festival.
Un sonido impecable y una banda en plena forma
Uno de los aspectos más destacados de la actuación fue la calidad técnica del sonido. Cada instrumento se escuchó con claridad, desde las guitarras hasta la sección rítmica, permitiendo apreciar con nitidez tanto los solos como los arreglos más complejos.
Chris Shiflett brilló en las partes solistas, mientras que Pat Smear aportó la solidez característica de quien acompaña a Grohl desde los tiempos de Nirvana. La base formada por Nate Mendel, Rami Jaffee e Ilan Rubin completó una formación compacta y perfectamente sincronizada.
Un recorrido por más de tres décadas de trayectoria
Grohl recordó durante el concierto que Foo Fighters celebra 31 años de carrera discográfica. Esa efeméride sirvió como hilo conductor de un repertorio que recorrió prácticamente todas las etapas de la banda.
El grupo interpretó cerca de treinta canciones, incluyendo clásicos como The Pretender, These Days, Times Like These, This Is a Call, Big Me, Best of You y My Hero. En esta última, la banda redujo la intensidad instrumental para que el público asumiera el protagonismo y cantara gran parte del tema.
Uno de los momentos más llamativos llegó con No Son of Mine, dedicada a Motörhead y enlazada con fragmentos de Ace of Spades, el célebre himno de la banda liderada por Lemmy.
Resultó llamativo, además, que el grupo apenas prestara atención a su trabajo más reciente, Your Favorite Toy, publicado hace apenas tres meses.
Homenajes y guiños a la trayectoria de los músicos
El concierto también reservó espacio para que cada integrante mostrara parte de su pasado musical. Grohl presentó individualmente a los miembros de la banda, que interpretaron canciones vinculadas a los grupos en los que tocaron antes de incorporarse a Foo Fighters.
Así sonaron temas relacionados con Sunny Day Real Estate, los Germs y los Wallflowers, entre otros proyectos fundamentales en la trayectoria de los músicos.
Especialmente celebrado fue el momento protagonizado por Ilan Rubin. El batería abandonó temporalmente su puesto para situarse frente al micrófono principal, mientras Grohl regresaba a la batería, el instrumento con el que inició su carrera en Nirvana.
Los momentos más emotivos de la noche
Entre la intensidad general del concierto también hubo espacio para composiciones más pausadas. Canciones como Wheels ofrecieron un respiro a la audiencia, mientras que Aurora adquirió un significado especial al estar dedicada a Taylor Hawkins, histórico batería de Foo Fighters fallecido en 2022.
La emoción se mezcló con la celebración colectiva en varios momentos de la noche, reforzando el vínculo entre la banda y un público que respondió con entusiasmo constante.
Un cierre memorable con “Everlong”
La actuación concluyó con una poderosa interpretación de Everlong, uno de los temas más emblemáticos del grupo. La canción sirvió como colofón perfecto para una noche marcada por la intensidad, la nostalgia y la reivindicación del rock como experiencia colectiva.
Mientras los músicos se despedían del público, un prolongado acople de guitarra acompañó el final del concierto, evocando la manera en que Nirvana solía cerrar sus actuaciones. Fue el último gesto de una velada que confirmó a Foo Fighters como uno de los grandes referentes del rock contemporáneo y dejó el listón muy alto para el resto de jornadas de Mad Cool.

Javier Marías es colaborador en El Demócrata, donde cubre temas de actualidad, política, negocios, tecnología, deportes, entretenimiento y estilo de vida. Su trabajo se centra en ofrecer información clara, útil y bien contextualizada, acercando a los lectores noticias, tendencias y acontecimientos relevantes para comprender mejor el mundo que los rodea.

