La presentación del Consejo Político de Chile Vamos en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional (19 de diciembre pasado), llevó a sus dirigentes a preguntarse por la gran diferencia de esta nueva coalición con respecto a las anteriores. Además del hecho que este conglomerado se viene reuniendo semanalmente desde hace varios meses, creo que son dos las novedades que trae consigo.

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

La primera es unidad en la diversidad: haber entendido que lo que une a sus distintos componentes es más fuerte que lo que los separa (o distancia). Esencialmente, y como así lo expresaron distintos dirigentes, lo relevante en esta nueva coalición es la defensa de una determinada teoría de justicia. Lo que, en este sentido, los une, dice relación con la valoración de la libertad económica, pero sin dejar de ayudar a quienes se encuentran por debajo de umbrales mínimos de dignidad.

A diferencia de la izquierda, que busca igualar hacia abajo u homogeneizar, Chile Vamos se propone apostar por la movilidad social, pero sin perjudicar a quienes ya han progresado. De lo que se trata —como dijo Felipe Kast, Presidente de Evópoli—, es que la cuna no determine el destino de las personas. Y, sobre todo, que sea posible pensar en una sociedad en que el crecimiento de cada uno no dependa de razones ajenas al esfuerzo personal.

La segunda novedad tiene que ver con la idea de una diversidad en la unidad: desde hace muchas décadas que la derecha no daba cuenta de sus diversas vertientes intelectuales, básicamente tres: conservadores, liberales y socialcristianos. De esta manera, manteniendo la teoría de justicia que los une, los distintos partidos y movimientos de Chile Vamos podrán abrir la cancha a un electorado más diverso. Los conservadores, se mantendrán como liberales en lo económico, y seguirán defendiendo la regulación de la libertad individual en materias morales. Los liberales promoverán una visión integral de la libertad, no exclusivamente reducida al plano económico, incluyendo la existencia de políticas sociales. Y los socialcristianos, conservando ciertos valores tradicionales, apoyarán una mayor intervención estatal en la economía.

«A diferencia de la izquierda, que busca igualar hacia abajo u homogeneizar, Chile Vamos se propone apostar por la movilidad social, pero sin perjudicar a quienes ya han progresado»—Valentina Verbal, historiadora y consejera política de Evópoli.

Lo anterior —aunque se trata de una descripción muy esquemática de las diversas vertientes que conforman Chile Vamos— no debería afectar, sino, por el contrario, fortalecer la tarea de hacer frente, política e ideológicamente (ojalá que esta nueva coalición le tenga menos miedo a la palabra ideología), a la visión igualitarista y homogeneizante de la izquierda, hoy representada por la Nueva Mayoría. Y siendo una extensión concreta de esta misma visión, es necesario que Chile Vamos rechace la noción instalada de que el Estado es un botín de guerra de aquellos que son electos para ejercer el poder.

Una pregunta adicional —y que ameritaría ser respondida más extensamente en otro lugar—, es si Chile Vamos da cuenta de una nueva derecha. Aunque el término ha sido a veces criticado, pienso que es válido plantearlo en cuanto expresa una derecha moderna que supera a una tradicional. Y al entender lo moderno no simplemente como lo actual —o como lo que está de moda—, sino como lo que cambia sustantivamente paradigmas asentados por largo tiempo, me parece que la nueva derecha es una posibilidad para Chile Vamos en tanto se potencie la vertiente liberal, que realmente implica una superación de lo “antiguo” o tradicional. Por ejemplo, al conciliar la libertad económica con una visión más abierta en cuestiones morales, y la noción de un mercado libre con la subsidiaridad estatal activa. Asimismo, en términos políticos, al comprometerse seriamente con la democracia y los derechos humanos, y no tenerle miedo a debatir grandes temas como la cuestión constitucional.

Pero para que lo anterior no sea sólo una expresión de buenas intenciones, es necesario que esta nueva derecha tenga no sólo afán electoral, sino también ideológico; que piense no únicamente en ganar elecciones, sino en influir. Y precisamente porque los intelectuales de esta derecha son (ahora) menos hegemónicos que los conservadores y socialcristianos, es que se hace más urgente argumentar a favor de la existencia de una vertiente liberal en la derecha chilena. El tiempo dirá si esto, que hoy es necesario, será también posible.

 

 

 

Historiadora. Consejera de Evópoli y Directora de Investigación de Horizontal.