Una coalición es por definición un conglomerado de partidos distintos que se unen por un proyecto político común. Hay ciertamente principios unificadores para todos los partidos de una coalición y en el caso de Chile Vamos estos probablemente irán en la línea del rol del Estado, un acuerdo en términos generales sobre el sistema económico, una visión más o menos común de persona, entre otras cosas. Estos principios fundantes permanecen como ideas y entregan directrices para ser concretizados a través del ejercicio del poder mediante la implementación de, por ejemplo, políticas públicas.

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Los principios fundantes son acordados al crear la coalición y se establecen como contrato para todos aquellos que quieran integrarse a esta. De los principios fundantes emana el relato político que se configura a partir de un ideal de sociedad y de hombre. Luego, llega el momento de que las grandes ideas abstractas toquen la tierra y se echa mano a la deliberación interna para identificar cómo los ideales se van a traducir en políticas públicas.

Finalmente, se logra una ponderación de los distintos actores de la coalición y se toman posiciones que suelen combinar las distintas visiones según el peso específico de cada componente de la coalición. Es bien sencillo: cada partido se sube a la balanza del poder y según cuánto pesa, es cuanta pintura tiene para dibujar el mono del programa siempre y cuando pinte dentro de los márgenes del proyecto político dictado por los principios fundantes.

Cuando la Democracia Cristiana (CDU) de Alemana pactó con el Partido Democrático Liberal (FDP) para formar una coalición de gobierno, quien tenía más poder era la CDU. Ángela Merkel de la CDU quedaba como Canciller, el FDP quedaba con la Vice-cancillería y el programa de gobierno era una ponderación de ambos programas. La CDU no podía llevar adelante el 100% de su programa (pero como socio senior llevaría la mayoría) y el FDP no podría llevar el 100% del suyo (pero como socio junior, llevaría la minoría que era mejor que no hacer nada). Así mismo, el FDP proponía como política pública el matrimonio igualitario y la CDU se oponía. Se subieron a la balanza y la CDU resultó ser más gorda de poder, por lo tanto la política de matrimonio igualitario del FDP tendría que volver a guardarse en el cajón.

Hay dos lecciones claves de todo esto. La primera, es que hay una distinción importante entre coalición y partido: la coalición no es sencillamente un “partido más grande”, es un conjunto de partidos esencialmente distintos ordenados detrás de una bandera común. Una bandera política de ciertos principios compartidos que hacen participes sus particularidades en un crisol común para dar origen a una propuesta de gobierno traducida en políticas. Segundo, que la carreta nunca debe ir delante de los bueyes, es decir, los principios fundantes van delante de las políticas públicas. Y aunque ciertos principios fundantes tengan traducciones en políticas que son evidentes, la obviedad no las transforma en principios.

«La coalición no es sencillamente un “partido más grande”, es un conjunto de partidos esencialmente distintos ordenados detrás de una bandera común» —Gonzalo Oyanedel.

La polémica de si la oposición al aborto debe ir en la declaración de principios de Chile Vamos es absolutamente artificial y poco tiene que ver con el liberalismo o conservadurismo de los comensales. El aborto es una política pública y la oposición a este emana de cierta comprensión particular de persona. El principio fundante tiene que ver con la dignidad de la persona humana y dicho principio puede tener más de una expresión en términos de política pública. En la práctica, el proceso de deliberación ha llevado a que la coalición en cuestión sea contraria al aborto porque la ponderación de sus fuerzas siempre ha favorecido dicha expresión.

Razones tienen los sectores que propician esta propuesta. Quieren fortalecer la identidad de la coalición mediante la adhesión a una postura que genera un sentimiento de apoyo irrestricto en gran parte de su electorado, incluyéndome. Argumentarán que todo principio es intrínsecamente valórico y están en lo cierto. Propiciar la Economía Social de Mercado es tan valórico como proclamar la inviolable dignidad humana. Pero ese no es el asunto realmente en cuestión, sino que hasta donde llega el principio y dónde comienza la acción.

Amarrar la oposición al aborto en la declaración de principios es innecesario porque no hay firma más indeleble que la que fluye de la voz y las dinámicas de la deliberación. Matthei creía en el aborto y la misma coalición estuvo dispuesta a llevarla como candidata porque la ponderación de fuerzas deliberó que el proyecto común se traducía en oponerse a la interrupción del embarazo. Las cosas no van a cambiar ni están cercanas de cambiar. Nunca un movimiento que promueva activamente el aborto va a hacerse participe de una coalición cuyo centro de masa reside en la oposición tajante a este. En el mejor de los casos, incluir a movimientos como Evópoli puede ser una oportunidad para explorar otros énfasis o temáticas y que la derecha deje de hablar solamente de guagas y de plata; en el peor, operará la deliberación con resultados previsibles. Terrible, ¿no?

 

 

«Escriba joven sin miedo, que en Chile nadie lee» Andrés Bello | Ingeniero Civil & Bioquímico.