Es de locos querer confiar o pedirle coherencia a un partido como la Democracia Cristiana. ¿Cuántas campañas para sensibilizarlos se han hecho? ¿Cuántos llamados para que se ajusten a sus propios principios o a su congreso programático? No, no se puede seguir buscando la defensa de la vida en un partido débil, aferrado al poder y que no es coherente con su apellido cristiano. Los esfuerzos que se han hecho para "cambiarle el corazón" a ciertos parlamentarios se deben enfocar en renovar el Congreso, en sumar nuevos diputados y senadores que sí estén comprometidos con la vida, a generar una mayoría que permita devolverle la dignidad a la vida humana.

La gente está hastiada de la política. Ciertamente, la centro derecha se arranó por años ya que el sistema binominal los achanchó en su comodidad y en los altos quórums que, veían, sería difícil que la izquierda derrotara. Así, no tenían que ser mayoría por lo que no había dicha "vocación de mayoría": bastaba menos que el 50% +1 para frenar a la izquierda y sus chambonadas. Hoy, se paga esa mala estrategia, la cual fue liderada por los mismos de siempre que siguen ahí apernados.

En esta etapa, en que el derecho de las personas a nacer —vengan enfermas, su padre sea un violador, su madre haya sufrido el dolor de ser violentada brutalmente en su intimidad— está absolutamente en riesgo. No es temerario decir que se aprobará: basta ver la votación en general. ¿Qué hacer? Seguir en la lucha por estar del lado correcto de la historia, pero con una meta clara: la causa pro vida, centrada en la persona, debe ganar escaños en el Congreso.

Confiar en la DC es externalizar los principios en un partido donde la sed de poder manda. Para amazar ese poder, la Democracia Cristina debe aliarse a una izquierda que está empeñada en llevar la lucha de clases a las relaciones maternales, familiares y laborales. Una izquierda que se ahoga ante la realidad de una persona en el vientre materno a pesar de que la madre no lo quiera; ante la realidad de que una niña nazca niña, sea niña, juegue como niña y aunque no lo quisiese, seguirá siendo niña; una izquierda soberbia que se quiere rebelar a lo dado, a lo natural, a lo evidente. Ahí es donde la DC se alía para aferrarse al poder, donde hace fila para beber del pecho del Estado.

¿Qué hacer? Muchos proponen salir a funar a la DC. Gastar sus energías gritando, enrostrando, apuntando con el dedo, haciendo afiches para "castigar" a los que —malamente— se hacen llamar "demócrata cristianos". No, las energías no pueden estar en odiar, deben estar en construir con aquellos que creen realmente en el valor de la vida desde su concepción hasta su muerte natural y enfocarse en salir a ganarse a la gente. Los que creían que la Ley Moral Natural se impondría por "moral" y "natural" se equivocaron. Y aquellos que creen en la dignidad humana y su respecto irrestricto están recibiendo una paliza.

¿Qué hacer? Apoyar gente buena, bien formada, con posibilidad de convencer para que se dediquen a la política. Sí, el ambiente es sucio, pero la meta es estar con todos y en todos lados: de 100 personas no interesan 20 ó 30, importan las 100. Y ponerle fin a esto de andar —casi— mendigando votos: hay que tener en el Congreso los votos propios. Se necesitará financiar, dar ideas, marchar, organizar campañas, etc. La pega es ardua, pero gratificante: además, este es el momento propicio porque el dolor forja y, el dolor de la aprobación del aborto pondrá en ruta una renovación necesaria: apoyar a los buenos para que sean diputados y senadores.

Además, ahora aumentan los cupos en el Congreso. Hay chance de meter gente nueva porque, como ya se ha visto, a los que están les cuesta dar el paso al costado para avivar en otros el interés de jugársela por Chile.

En esa línea sería bueno ver a la UDI, RN y al PRI (no se puede meter a Evópoli en esto por sus aires liberales) fichando a jóvenes y a adultos jóvenes para que se convenzan que hay que darse por completo en el servicio del país. Si no, por más re tuits, compartidos en Facebook, reenvíos por WhatsApp o agrupaciones que se hagan, no existirá piso político o de votos para sostener el conjunto de condiciones necesarias para que las personas, familias, asociaciones puedan desarrollarse plenamente de forma material y espiritual.

Seamos claros: es en el Congreso donde se vota y los pro vida, los pro familia, deben tener los parlamentarios para dar vuelta una votación.

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