El Tribunal Calificador de Elecciones (TRICEL) declaró ilegítima la última elección de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) por no haber reunido, conforme a sus estatutos, un quórum mínimo de 40 %. Sin embargo, en vez de reconocer la falta, los actuales dirigentes —así como varios ex presidentes de la misma entidad—, han sostenido que en la elección ahora impugnada se utilizó el mismo procedimiento de los últimos diez años.

Y en los hechos tienen razón. Por ejemplo, Camila Vallejo —Presidenta de la FECH durante el movimiento estudiantil de 2011— resultó elegida por el 13, 5 % de los alumnos habilitados para votar, lo que equivale a tres mil votos de un total de veintiún mil quinientos.  

Considerando que se trata de una entidad que suele vanagloriarse por representar no sólo a sus propios estudiantes, sino al conjunto del movimiento universitario —y que, más aún, durante las movilizaciones de 2011 dio cátedra al país sobre diversos temas—, resulta importante preguntarse sobre el concepto de democracia que ha primado en el seno de la FECH durante los últimos años.

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

¿En qué democracia creen los dirigentes de la FECH (y buena parte del movimiento estudiantil)? En primer lugar, no creen en una democracia formal, como rayado de cancha para todos. Las reglas de una democracia son buenas o malas en la medida en que benefician o no a la causa por la que se lucha. A contrario sensu, si mediante la democracia se favorece el desarrollo de las ideas que se rechazan (por ejemplo, el mentado “neoliberalismo”) el sistema es malo y debe ser reformado de manera estructural. De esta manera, cuando se propone una Asamblea Constituyente (AC), no se está pensando en un procedimiento de beneficio común, sino en una vía más expedita para modificar de raíz el actual modelo económico.

En segundo término, no existen para los dirigentes de la FECH los adversarios políticos, entendidos como detentadores de ideas contrarias o distintas, pero igualmente respetables. Cobra, bajo esta visión, real sentido la división entre buenos y malos, típica de los discursos sectarios que se anidan con facilidad en regímenes autoritarios. No es casualidad que procesos como el de Venezuela, cuyos opositores son tachados de “escuálidos” por el oficialismo, hayan sido defendidos por la FECH, especialmente frente a las manifestaciones de 2014, y que llevaron al encarcelamiento de Leopoldo López, entre otros opositores al Gobierno de Nicolás Maduro.

La tercera característica de esta “democracia estudiantil” es el rechazo al voto individual conforme a estándares mínimos de libertad política. Resulta conocida la práctica habitual de votar en asambleas con mano alzada y sin voto secreto. Obviamente, en estos casos, la mayoría de estudiantes que difieren de los planteamientos de sus dirigentes se omiten de participar, porque saben que su voz y voto será objeto de un generalizado repudio, incluso mediante gritos y pifias. Lo importante es que para esta visión de la democracia, la voluntad individual tiende a dividir al pueblo, a hacerlo más egoísta y a terminar adhiriendo a las visiones ideológicas que se rechazan. Para ellos la “verdadera” democracia es de asambleas o corporaciones. De ahí también que gran parte de las propuestas de AC —a las que han adherido buena parte de los dirigentes estudiantiles— tengan un carácter abiertamente corporativista.

Por último, la democracia de los estudiantes aludidos es tan oligárquica como el sistema que rechazan (democracia neoliberal). Lo que denominan participación ciudadana no implica, ya dijimos, depositar un voto personal, pero tampoco, incluso a través de organizaciones de la sociedad civil, poder incidir ante las autoridades políticas para lograr determinados cambios sociales. De hecho, durante el movimiento de 2011, los dirigentes estudiantiles rechazaron la institucionalidad del Poder Legislativo, exigiendo el carácter vinculante de los acuerdos alcanzados con las autoridades de Gobierno. E imponer —es importante aclararlo— no es lo mismo que incidir.

Esta es —a grandes rasgos— la visión de democracia de la FECH y de buena parte del movimiento estudiantil. El error de la Nueva Mayoría fue haberse comprado no sólo las reformas estructurales propuestas por los dirigentes universitarios de 2011, sino su visión de fondo sobre la forma de hacer política: no a partir de la deliberación de representantes elegidos, sino de negociaciones vinculantes con organizaciones sociales. La resolución del TRICEL referida es sólo un ejemplo de la gravedad de este error.

Historiadora. Consejera de Evópoli y Directora de Investigación de Horizontal.