La polémica en torno al manual sobre sexualidad de la Municipalidad de Santiago, no radica, como se ha sostenido, en oponerse a la educación sexual, sino en el modo, en el enfoque y en ciertos contenidos de dicho documento.  La crítica no es a que se les aporte información a los jóvenes de acuerdo a su edad, pero de nada “sirve saturarlos de datos sin el desarrollo de un sentido crítico ante una invasión de propuestas (…). Los jóvenes deben poder advertir que están bombardeados por mensajes que no buscan su bien y su maduración” (Amoris laetitia 281)

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Es importante educar en sexualidad a los jóvenes. La Iglesia católica desde hace ya muchos años viene promoviendo la educación sexual en los colegios, como lo refrenda el Papa Francisco en su exhortación Amoris laetitia. Pero, el enfoque de este instructivo parece inadecuado y a ratos imprudente. Si el Manual busca realmente educar, ¿por qué el documento deja fuera a los padres, teniendo en cuenta que ellos son los primeros educadores? No están presentes ni en la elaboración del documento, ni como eventuales guías para sus propios hijos. El Manual entrena o instruye, pero no educa, habida cuenta de que la educación comprende siempre un componente moral, inexistente en este texto.

Antropológicamente el instructivo tiene una pobre concepción de los jóvenes, pues parte de la base que los jóvenes son incapaces de autorregularse, de moderar su apetito sexual o de desarrollar una capacidad de autodominio. La experiencia demuestra que sí son capaces de hacerlo, como lo demuestra el programa Teen Star, y de entender, por ejemplo, que el pudor no es un atavismo del pasado, sino una dimensión de su propia dignidad. Sin esa defensa natural que resguarda la intimidad, como evitar reducir la mujer a un puro objeto. Enseñarles a los jóvenes a vivir su sexualidad solo como una manifestación de su apetencia sexual, desarraigada del amor, violenta a la postre la dignidad de dichos jóvenes. En definitiva, el texto banaliza la sexualidad y trasunta una visión sesgada de ella, reduciéndola a la genitalidad, como si el ejercicio de la vida sexual, fuera similar a practicar un deporte.

Si uno de los objetivos del Manual es evitar embarazos adolescentes, (obviamente estamos de acuerdo con este objetivo), ¿por qué el instructivo nada dice acerca de la abstinencia sexual o del fortalecimiento de la voluntad?

El Manual es a la postre, una seductora invitación, a utilizar al otro como un objeto de satisfacción sexual. No es necesario ser psicólogo o médico para percatarse de semejante aberración.

Académico Universidad San Sebastián. Asesor Academia de Líderes Católicos. Vocero de Voces Católicas