Los amantes de la literatura de ciencia ficción sabemos muy bien que los años dorados transcurrieron entre Asimov y Herbet; entre la Fundación y Dune. Naturalmente luego vinieron otros como Scott Card o Simmons, pero el género nunca volvió a ser el mismo. La ciencia ficción comenzó su lenta migración del papel a la pantalla y con los adelantos tecnológicos se consolidó como un asunto Hollywoodense.

Bien le hizo al género esta migración. El potencial tecnológico del cine durante los últimos años masificó la ciencia ficción como nunca lo pudo haber hecho la literatura y desde Blade Runner hasta Avatar, del género se creó una dinámica propia que convoca a miles de espectadores año a año. Sin embargo, ahí quedó silente aquella literatura de ciencia ficción que aún luchaba su espacio por diferenciarse de los cada vez más populares mundos fantásticos y de las distopias y futuros apocalípticos que articulan de manera perfecta y perpetua el tránsito de la prosa a la pantalla. Basta pensar en el éxito de la “Canción de Hielo y Fuego” y en los “Juegos del Hambre” para ejemplificar esta perfecta sincronía y sinergia entre autores y productores.

Pero dicho silencio parece haber llegado a su fin. Y es que “El marciano” (2014) de Andy Weir logra con mérito propio superar el ocaso de un género e inyectar un aire de optimismo en un campo que hasta ayer parecía un desierto marciano languideciente y terminal. La novela se plantea de manera sencilla: en un futuro cercano una expedición al planeta Marte, en su sexta jornada, se ve enfrentada a una tormenta de arena de proporciones planetarias. La NASA le ordena a la misión –compuesta por seis astronautas— evacuar el planeta y en eso, el Ingeniero y Botánico Mark Watney, sufre un accidente de tal magnitud que el resto de la tripulación supuso que había muerto. Luego, la obra relata los intentos de Mark Watney por mantenerse vivo en un planeta que está a 14 minutos-luz de la tierra donde nada crece y donde el más mínimo error podría significar una muerte inmediata.

Andy Weir nos rememora aquel clásico de las “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury desde una perspectiva más realista y con una rigurosidad técnica que en principio podría asustar al lector no especializado pero que de a poco el autor logra hacerlo comprensible para todos. Por lo demás, el libro es una gran guía de supervivencia extrema; una suerte de Robinson Crusoe moderno sin atmósfera, con menos de la mitad de la gravedad, a más de 200 millones de kilómetros del ser humano más cercano y en un desierto rojizo donde no crece absolutamente nada.

Finalmente, Hollywood se adelantó en esta pasada y en octubre “El marciano” llega a las pantallas con el nombre de “Misión Rescate” de la mano del padre del SciFi contemporáneo, Ridley Scott y protagonizada por Matt Damon, quien a esta altura parece ya haberse especializado en hacer de astronauta (Dr. Mann en Interestelar). Está por verse si la ciencia ficción puede seguir los pasos de sus géneros hermanos, pero sin lugar a dudas, “El marciano” de Andy Weir marcará un punto de inflexión en el género y en la relación de este con las múltiples expresiones de la ciencia ficción.

«Escriba joven sin miedo, que en Chile nadie lee» Andrés Bello | Ingeniero Civil & Bioquímico.