Para la izquierda estudiantil, este ha sido un año para olvidar. El 2016  parecía ser la oportunidad histórica para avanzar en la construcción de su hegemonía en las universidades.  Sin embargo, no ha sido más que la culminación de un proceso que se viene arrastrando desde hace varios años en los distintos establecimientos educacionales: una radicalización e izquierdización de sus posturas, que ha alejado a los sectores moderados y centrados, y desencantado a la ciudadanía en su conjunto. Al parecer, los chilenos se están cansando de la violencia, la intransigencia, la soberbia y la poca empatía de un movimiento que parece haber perdido esa sintonía que en algún minuto lo caracterizó.

FOTOS: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO

Atrás quedó el tiempo  de la hegemonía concertacionista o comunista. Hoy, la izquierda más extrema se ha tomado los espacios que antes correspondían a sectores más mesurados dentro del amplio espectro político universitario. Hace unos años comenzó la predominancia de movimientos cada vez más revolucionarios que pasaron, en muy poco tiempo, a liderar y a contar con una mayoría importante, cosa que les permitió cambiar ciertos ejes del debate y pasar a su tan anhelada ofensiva.

Sin embargo, esta ofensiva ha tenido efectos desastrosos para el mismo movimiento estudiantil y sus pretensiones. Según datos de la encuesta Cadem, 7 de cada 10 personas consideran que los dirigentes han perdido el control de las movilizaciones y un 67% rechaza que se hagan nuevos llamados a tomas y marchas.

«Por hacerse responsables no les pido que paguen de sus bolsillos o que respondan penalmente por acciones que no son suyas ¡Simplemente les pido que hagan algo!»— Ricardo Sande, ex presidente Feuc y consejero político de Chile Vamos

Situaciones como las que vimos en el INBA después de la toma, el saqueo a la iglesia de la Gratitud Nacional, los destrozos —y la trágica muerte de Eduardo Lara— en Valparaíso, la marcha en día de duelo nacional o la marcha que ni siquiera tuvieron la voluntad de suspender cuando gran parte de la ciudad no se podía movilizar por la rotura de matriz de agua, han generado antipatía hacia un movimiento que el 2011 contaba con un 80% de aprobación.

Todo esto empeora cuando se leen las declaraciones de los dirigentes, que con nula autocrítica, recurren a lugares comunes para justificarlo todo ¿Será posible leer alguna vez una condena transversal a la violencia? ¿Será posible escuchar alguna vez una disculpa sincera a todos los que en cada marcha son víctimas de destrozos? ¿Cuándo será el día que veamos a los dirigentes colaborar con la acción de carabineros en lugar de criticarlos por actuar, pero también por  no actuar?

Creo representar a muchos chilenos cuando les exijo a quienes son parte del movimiento estudiantil que se hagan responsables. Y por hacerse responsables no les pido que paguen de sus bolsillos o que respondan penalmente por acciones que no son suyas ¡Simplemente les pido que hagan algo! Que muestren algún interés por cambiar estas lamentables situaciones que hemos visto , que pasen de la mera “condena” de los hechos a un trabajo real por erradicarlos de su movimiento y que de una vez por todas dejen de tolerar las acciones de quienes no saben vivir en democracia.

De lo contrario, no nos quedará sino pensar que la violencia, en realidad, no les molesta tanto.

Ex presidente @Feuc 2015. Estudiante de Derecho. Gremialista. Consejero político Chile Vamos.