En el marco de diversos debates públicos que se han dado últimamente en Chile, no han sido sólo intelectuales o dirigentes de izquierda quienes las han emprendido contra el individualismo liberal, sino también de derecha, o cercanos a este sector político. El problema es que, como suele ocurrir en estas instancias, se han limitado a construir verdaderos hombres de paja en torno a este concepto. ¿En qué sentido? En asociarlo de manera errada con el de egoísmo, y con una suerte de rechazo dogmático a la vida en sociedad.

FOTO: VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO

Para los debates ideológicos que se dan en sede política, se hace algunas veces necesario acudir a la historia conceptual. Y aunque el paso del tiempo pueda generar nuevas acepciones de una palabra, generalmente se trata de estratos que se superponen al sentido primigenio. El individualismo es un concepto muy importante en la superación de las sociedades estamentales, vigentes en Occidente hasta bien entrado el siglo XVIII.

¿Qué significó el individualismo como superación de las sociedades jerarquizadas del llamado antiguo régimen? Básicamente, que las personas son universos (y no partes de un todo mayor); y que, por tanto, tienen derecho a construir sus vidas como mejor les parezca. Antes de las revoluciones liberales, las personas no podían elegir su profesión u oficio, ni tampoco vestirse de acuerdo a su propio gusto, sino según el gremio o estamento al que estaban adscritas, y no precisamente por libre elección. Por supuesto, había muchas variantes según los estados y las épocas, pero lo cierto es que las personas se veían impedidas de desafiar las convenciones asociadas al colectivo en el que les había tocado nacer.

Justamente, el principio de igualdad ante la ley, más que tener un carácter colectivista —en el sentido de subsumir a las personas en el todo al que pertenecían—, vino a reconocer lo que hoy podríamos llamar el derecho a la diferencia: que ellas —sean quienes sean, o quienes quieran ser— deben ser tratadas con ley pareja, suprimiendo las barreras infranqueables, destinadas a impedir que lleguen tan lejos cómo quisieran o pudieran. Todo esto, por cierto, admite matices: la igualdad ante la ley se hará carne de manera lenta y gradual, por ejemplo, con el voto femenino en el siglo XX.

¿Qué tiene que ver lo anterior con el momento actual que vive Chile? En primer lugar, con el llamado cambio de ciclo: con el retorno de la izquierda al estatismo, que dejó de lado durante los veinte años de la ex Concertación. Este estatismo se basa en la noción de que el individualismo atenta contra el “interés general” (la demonización del lucro es un ejemplo patente de esta visión). Pero también —y esto es lo que me importa ahora relevar— tiene que ver con la cuestión del relato en la derecha, hoy institucionalizada en Chile Vamos. Ambos aspectos se relacionan entre sí, porque lo segundo ha de suponer una respuesta a lo primero.

«Los documentos sobre relato que se elaboren en esta coalición, más que contener máximos que dividan a los partidos, movimientos e independientes que la integran, deben traer consigo mínimos comunes que se conviertan en una respuesta unitaria frente al neo-estatismo de la izquierda actual»— Valentina Verbal, historiadora y consejera de Evópoli.

En este sentido, los documentos sobre relato que se elaboren en esta coalición, más que contener máximos que dividan a los partidos, movimientos e independientes que la integran, deben traer consigo mínimos comunes que se conviertan en una respuesta unitaria frente al neo-estatismo de la izquierda actual. Se trata de una prevención necesaria, porque algunas personas influyentes en la derecha tienden a recoger de manera acrítica buena parte del diagnóstico sobre el malestar que hace la izquierda. Incluso usando el adjetivo “neoliberal”, a estas alturas sólo menos grave (en su grado de denostación) que los de fascista y pedófilo.

A partir de mínimos comunes, los liberales de derecha (me incluyo) podrán revindicar el individualismo en su real significado, descartando los panfletos que sobre él siempre han buscado tejer los más diversos colectivismos, incluso algunos cercanos al sector. Defendiendo el despliegue de políticas focalizadas en favor de los sectores vulnerables, no hay que olvidar que muchas personas esperan escuchar que son mayores de edad para decidir sobre el destino de sus vidas. Los liberales no deben renunciar a este principio fundamental. También los de derecha, aunque todavía no hagan tanto ruido.

Historiadora. Consejera de Evópoli y Directora de Investigación de Horizontal.