El gobierno de Arturo Alessandri (1932-1938), había resultado exitoso en varios aspectos, especialmente en cuanto se refería a la restauración constitucional y a poner fin al militarismo de los años previos, así como a la recuperación económica, en un país azotado dramáticamente por la crisis internacional de 1929.

Presidente Arturo Alessandri

Sin perjuicio de esos logros, también se trataba de una administración polémica, y que había generado muchos detractores, provocando que se viviera por momentos en un clima de polarización política y los ánimos estaban exaltados. El ritmo electoral del país, la situación mundial de enfrentamientos y crisis del liberalismo, la misma personalidad de Alessandri y la irrupción de una nueva fórmula política opositora, el Frente Popular, eran factores que contribuían a la crispación ambiental. Así llegó Chile a la jornada del 21 de mayo de 1938, cuando —de acuerdo a la Constitución— correspondía que el Presidente de la República presentara su cuenta anual ante el Congreso Pleno.

El gobernante pronunció un largo y detallado discurso, en el que expuso los logros y realidades de su administración, "que no pueden exhibir los que nos atacan sin haber aportado hasta hoy nada que represente alguna realidad". Adicionalmente, recordaba entregar un país con las "finanzas saneadas" y con su industria y comercio "en gran prosperidad", lo que se unía a que Chile "es hoy día un modelo de orden y prosperidad". Sin embargo, la sesión del 21 de mayo mostró en la práctica una clase política dividida, y acontecimientos que denigraban la institucionalidad republicana.

«El ritmo electoral del país, la situación mundial de enfrentamientos y crisis del liberalismo, la misma personalidad de Alessandri y la irrupción del  Frente Popular, contribuían a la crispación ambiental» — Alejandro San Francisco, historiador

En realidad, existían antecedentes sobre lo que podía suceder, considerando que el Frente Popular incluso había expresado su desagrado de que el Presidente de la República concurriera a la sesión inaugural del Congreso, lo que a todas luces representaba una anormalidad, que Arturo Alessandri ciertamente no podía aceptar. Gabriel González Videla, el líder frentepopulista, pidió la palabra en dos ocasiones al comenzar la sesión, para leer una declaración. Ante la improcedencia de ello, Miguel Cruchaga (Presidente del Senado), dio la palabra al Presidente. De inmediato comenzó el bochorno: senadores y diputados de izquierda se pusieron de pie, para retirarse del Salón, en medio de discusiones e insultos. Fue entonces cuando el polémico jefe del nacismo chileno, Jorge González von Marées, conminó a los del Frente a permanecer en el lugar y boicotear la sesión, por lo que fue también agredido, a lo que respondió con un disparo al aire en el hemiciclo. Esto generó tal temor y confusión, que llevó a afirmar a algunos que el disparo se dirigía al propio Alessandri.

Todo esto ya habría sido suficiente para empañar cualquier ceremonia, y constituía una vergüenza en la historia parlamentaria chilena de peligrosas consecuencias. Pero la situación no terminó ahí: mientras Alessandri pronunciaba sus palabras, contando con la atención y los aplausos de los parlamentarios gobiernistas, la fuerza pública reprimía a algunos legisladores de oposición, entre ellos el propio líder nacista (quien después fue detenido), y después a los radicales Justiniano Sotomayor y Fernando Maira, quienes resultarían lesionados. A esto se sumó más tarde la figura del propio González Videla, quien fue retirado en brazos por Carabineros, de lo cual existe un registro fotográfico que ha quedado como símbolo de la jornada. La violencia, gubernativa y opositora, se entronizaba en la política nacional y abría cauces para problemas mayores.

El Mercurio calificó los hechos como "el vejamen más violento a la dignidad del Parlamento y al ejercicio normal de las funciones republicanas" en toda la historia, "ante la expectación de todos los representantes de países extranjeros". El Diario Ilustrado dedicó varios artículos al tema en los días siguientes al 21 de mayo, concentrando las culpas en el líder nacista y defendiendo al gobierno y a la aplicación de la Constitución. La prensa de izquierda tenía una interpretación distinta: el diario Claridad señaló que "el Congreso Nacional fue ultrajado como jamás lo había sido, ni en los peores regímenes de dictadura", mientras Frente Popular sostenía que "de nada ha valido la actitud serena de la izquierda" (estos dos últimos citados en Pedro Milos, Frente Popular en Chile, Santiago, Lom, 2008).

Gabriel González Videla, como hemos visto uno de los principales afectados y futuro Presidente de la República, se refiere al suceso como "asalto y allanamiento del Congreso Nacional". En sus Memorias (Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1975), agrega que fue "arrastrado por la fuerza pública a la Prefectura de Investigaciones, con el rostro y el cuerpo lleno de magulladuras" aunque finalmente obtuvo su libertad. Como resultado de todos estos sucesos, concluía, "la lucha electoral entró al rojo vivo", considerando que estaban solo a unos meses de la elección presidencial.

Alessandri reconocería después en sus Recuerdos de Gobierno, que los Carabineros "se excedieron en la represión violenta y de hecho contra los parlamentarios, que resultaron con algunas lesiones que fueron exageradas y abultadas con fines políticos y de propaganda". El historiador Ricardo Donoso, ácido contradictor del León, enfatizaba en la línea frentepopulista que se había tratado de "la más bochornosa vejación y el atropello más inaudito que registraban los anales nacionales, preparados con fría meditación", calificando de "irónicas" las palabras con las que el gobernante cerraba su discurso, referidas al "modelo de orden y prosperidad" (en Alessandri, agitador y demoledor, México, Fondo de Cultura Económica, 1954, Tomo II).

Uno de los problemas de fondo de la situación es que la división política, los hechos de violencia y las manifestaciones de descomposición del civismo parlamentario, ocurrieron apenas unos meses antes de la elección presidencial que se desarrollaría ese mismo 1938, que elegiría al sucesor de Alessandri y permitiría medir efectivamente la sucesión presidencial y la consolidación democrática. Por lo mismo, el clima de polarización y odiosidad, en un ambiente de violencia creciente, representaba un problema considerable, dentro del cual la jornada del 21 de mayo aparecía como un antecedente apenas pálido, pero digno de ser apreciado, de la jornada luctuosa del 5 de septiembre, la Matanza del Seguro Obrero, y de los días tristes y decisivos del cambio de mando presidencial.

 

Profesor del Instituto de Historia y la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investigador del CEUSS. Director de Investigación del Instituto Res Publica. Doctor en Historia por la Universidad de Oxford.