Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), es una de las principales figuras de la historia de la Iglesia Católica en Chile, con una trascendencia que se extiende a temas como la educación, la formación de la juventud y la lucha contra la pobreza. Su vida se puede seguir, entre otros trabajos, en las biografías escritas por Álvaro Lavín, El padre Hurtado, Apóstol de Jesucristo (Santiago, Universidad Católica de Chile, 2005) y en Alejandro Magnet, El Padre Hurtado (Santiago, Editorial del Pacífico, 1954).

El Padre Hurtado, como sería conocido más tarde en el país, estudió en el Colegio San Ignacio, donde conoció al padre Fernando Vives Solar, quien fue su director espiritual y ejerció gran influencia sobre el joven. Después siguió la carrera de Derecho en la Universidad Católica de Chile, donde realizó su memoria sobre "El trabajo a domicilio". Sin embargo, no se le vería en tribunales ni en estudios de abogado, ya que casi inmediatamente después ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús, para ser sacerdote.

Tuvo una formación muy completa, que incluyó un importante viaje a Europa, donde conoció el Viejo Continente y procuró estudiar intensamente. Así lo hizo con la filosofía en Barcelona, ciudad donde se reencontró con Fernando Vives, pero la que debió abandonar "como medida preventiva", en palabras de Álvaro Lavín, con ocasión del establecimiento de la República, que tendría un giro anticatólico. Adicionalmente se interesó en la educación, e incluso completó su doctorado en la Universidad de Lovaina, con una tesis titulada "El sistema pedagógico de Dewey ante las exigencias de la doctrina católica".  El joven estaba interesado en el influyente educador norteamericano y recorrió diversos centros de enseñanza para adentrarse en los métodos pedagógicos.

Sin embargo, lo más importante de todo era su formación sacerdotal, que culminó con su ordenación el 24 de agosto de 1933. "¡Ya me tienes sacerdote del Señor! -le escribía a un primo. Bien comprenderás mi felicidad inmensa. Con toda sinceridad puedo decirte que soy plenamente feliz. Ahora ya no deseo más que ejercer mi ministerio con la mayor plenitud posible de vida interior y de actividad exterior". Probablemente en el final de esta reflexión esté la clave para comprender al Padre Hurtado, quien regresaría pronto a su patria y desarrollaría una gran labor sacerdotal: por una parte "la vida interior" (la oración, la búsqueda de Dios, como gustaba repetir); por otra parte "la actividad exterior" (ver a Cristo en los pobres, obrar en consecuencia).

Paralelamente, desde Europa el joven Alberto Hurtado hizo gestiones para la fundación de una Facultad de Teología en la Universidad Católica de Chile, cuyo rector entonces era monseñor Carlos Casanueva. Para ello se preocupó de la bibliografía necesaria para los estudios, así como de buscar profesores que pudieran realizar las tareas. A fines de 1934 el rector agradecía al padre Hurtado los servicios que había prestado, asegurando que "después de Dios y de la persona que ha hecho esta fundación, a nadie le deberá esta Facultad tanto como a ti". Finalmente, la Facultad de Teología se inauguró en 1935.

Al año siguiente el sacerdote jesuita regresó a Chile, aunque previamente viajó por Alemania, Austria, Italia y Francia. Era un mundo que vivía cambios trascendentales y dramáticos: Mussolini llevaba ya una década en el gobierno de Italia y Hitler había comenzado su tarea en Alemania. Como señala Magnet, el Padre Hurtado logró ver el fanatismo de los jóvenes hitlerianos, y comprendió nuevamente la necesidad de una generación que no había nacido para el placer sino para el heroísmo, lo que debía transformarse en la entrega de los jóvenes a Dios.

Alberto Hurtado regresó feliz a Chile, entusiasmado tanto con la pedagogía como con las posibilidades apostólicas. Se integró de inmediato al colegio San Ignacio, donde hizo clases y dirigió espiritualmente a los alumnos de los cursos mayores. Además daba charlas en la Universidad Católica y escribía artículos sobre temas de educación. Sin embargo sus actividades serían mucho más amplias que las meras obligaciones "profesionales": sus círculos sobre el Evangelio o los Ejercicios Espirituales se extendían a numerosos jóvenes, muchos de los cuales descubrieron sus vocaciones sacerdotales o religiosas.

Este tema le preocupaba especialmente. Así lo manifestó en su opúsculo La crisis sacerdotal en Chile (Santiago, Editorial Splendor, 1936). Ahí lamenta la escasez de sacerdotes que hay en el país, pero también "la disminución de la intensidad de la vida cristiana en la gran mayoría de los católicos", temas sobre los que volvería años después en ¿Es Chile un país católico? (Santiago, Editorial Splendor, 1941). Si bien reconocía los problemas existentes, no miraba la situación con pesimismo, expresando: "Aún es tiempo de poner remedio a estos males. El fondo religioso de nuestro pueblo vibrará si voces sacerdotales se hacen oír, los obreros no tardarán en acudir junto a sus pastores si sacerdotes suficientes en número y abnegados les salen a buscar como el Buen Pastor". Otro tema que trató en sus conferencias en la Universidad Católica fue el de los jóvenes y la castidad. Después se publicó como libro, titulado La crisis de la pubertad y la educación de la castidad (Santiago, Editorial Splendor, 1937).

Muchos recordaban con fascinación sus conferencias. Así lo recordaba, por ejemplo, Jorge Gómez Ugarte, sacerdote de la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos (ANEC): "Recuerdo las magníficas charlas del padre Alberto Hurtado, de inolvidable memoria, que inflamaba el espíritu juvenil. El contacto con ese sacerdote extraordinario fue un testimonio vivo y audaz de una Iglesia encarnada en el mundo contemporáneo, buscando para él la respuesta en Cristo" (en Ese cuarto de siglo..., Santiago, Editorial Andrés Bello, 1985).

En el ámbito político, en estos años Hurtado procuró ser muy cuidadoso y respetuoso de la independencia de juicio y acción de los jóvenes. Si bien había pertenecido al Partido Conservador en su juventud, en la década de 1930 se había explicitado el derecho de los católicos a elegir sus preferencias políticas (no hay partido exclusivo para los católicos). Adicionalmente, eran los años del surgimiento de la Falange, que mostraba una escisión en el mundo católico en relación a la política. En palabras de Magnet, procuraba ser un sacerdote "todo de todos".

Todo esto en el marco de una vida intensa y plena, a la que le quedaba mucho por hacer hacia el futuro, sólo interrumpido por su muerte prematura.

Profesor del Instituto de Historia y la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investigador del CEUSS. Director de Investigación del Instituto Res Publica. Doctor en Historia por la Universidad de Oxford.