La década de 1930, marcada por mucha creatividad ideológica y política, fue también la de la aparición del socialismo en Chile. Si bien dicha corriente tenía antecedentes -por ejemplo, indirectamente, el Partido Obrero Socialista de 1912-, sería solamente en 1933 cuando se fundaría el Partido Socialista de Chile, destinado a tener una gran importancia histórica, que requerirá un tratamiento particular. No cabe duda que la figura principal del socialismo durante el siglo XX fue Salvador Allende (1908-1973), cuya vida política comenzó precisamente en esos decisivos años 30. Su larga e importante trayectoria se puede seguir, por ejemplo, a través de la obra de Mario Amorós, Allende. La biografía (Madrid, Ediciones B, 2013), bastante completa, con sesgo favorable hacia su personaje.

Allende era un joven de Valparaíso, de padre masón y madre católica, que decidió estudiar Medicina en la Universidad de Chile. Para entonces ya se había "iniciado" en sus intereses políticos, en conversaciones con el zapatero anarquista Juan Demarchi, quien le prestó libros de Bakunin y le explicó algunas ideas en forma sencilla y clara. Ya en Santiago, con sus amigos universitarios, realizó las lecturas de algunos clásicos de la izquierda: "en las noches —contaba en su famosa entrevista a Regís Debray— nos reuníamos los que vivíamos en la misma pensión y en voz alta leíamos "El Capital", a Lenin, y también a Trotski". Reconocería haber leído también El Estado y la Revolución de Lenin, así como es obvio que conoció el Manifiesto Comunista de Marx, ambos libros fundamentales. Su Partido Socialista había establecido en su Declaración de Principios que asumía el marxismo "como método de interpretación de la realidad", aunque enriquecido y rectificado por otros aportes científicos y revolucionarios que surgieran con el constante devenir social.

Como señala Gonzalo Vial, en esos años el joven socialista definió dos ideas centrales de su ideario político: el rechazo a las actuaciones revolucionarias de los militares y también a los extremismos de izquierda (en su trabajo Salvador Allende, en Chilenos del Bicentenario, 2007). Esto cobra relevancia, considerando los movimientos revolucionarios de 1932 —incluida la instauración de la llamada "república socialista"— y las discusiones al interior de la izquierda. Cuando se fundó el Partido Socialista, Allende pasó a ser militante, si bien le gustaba decir que había sido uno de los fundadores (aunque no conste eso en el acta fundacional).

La década de 1930 tuvo otras implicancias para la vida de Salvador Allende. La primera es que se recibió de médico, con una tesis titulada Higiene mental y delincuencia, y alcanzó a ejercer su profesión. En segundo lugar, ingresó a la masonería, siguiendo la tradición familiar de los Allende, en lo que sería una relación que tendría contradicciones. En tercer término, contrajo matrimonio con Hortensia Bussi, con quien tuvo hijas que seguirían el interés público de su padre.

Sin perjuicio de todo lo anterior, es evidente que la clave estuvo en la dedicación personal a la vida política. En esto lo crucial es comprender que se trataba de la actividad práctica —"yo no tenía una vocación de lecturas profundas", reconocería a Debray—, que se manifestaría a través de candidaturas, cargos ejecutivos, la labor en su partido y la participación en diversas iniciativas.

En la Universidad ya había tenido alguna participación al respecto, como Presidente del Centro de Alumnos de Medicina y luego como Vicepresidente de la FECH, cuna de líderes políticos, institución que tenía una trayectoria importante y rebelde en ese tiempo, como había reflejado años antes la revista Claridad, el militante órgano de difusión de las ideas de los jóvenes. En esa calidad se opuso al gobierno de Ibáñez, que sufrió crecientes protestas estudiantiles en su última etapa, hacia 1931.

Posteriormente hizo vida partidaria y fue parte del Frente Popular, cuando este comenzó a formarse hacia 1935, de cara a las futuras elecciones presidenciales a desarrollarse tres años después, en la cual socialistas, comunistas y radicales pretendían llegar al gobierno. El propio Allende tenía entonces un discurso antialessandrista, que era habitual en esos días entre las figuras de la izquierda.

«Como vicepresidente de la FECH, se opuso al gobierno de Ibáñez, que sufrió crecientes protestas estudiantiles en su última etapa, hacia 1931» —Alejandro San Francisco, historiador.

En 1937 correspondían las elecciones parlamentarias, en las que se renovaba la totalidad de la Cámara de Diputados y una parte del Senado. Se trataba de comicios importantes, que podrían anticipar resultados de las presidenciales. En esa ocasión Salvador Allende asumió una candidatura a diputado por Valparaíso y Quillota. En la jornada del 7 de marzo, finalmente, fue elegido junto a otros dieciocho socialistas, aunque los conservadores y liberales confirmaron su mayoría en el país. En su distrito también resultaron elegidos el comunista Marcos Chamudes y el socialista Amaro Castro. El Partido Socialista alcanzó los 46.050 votos, de un total de 412.812 ciudadanos que participaron en esos comicios. Así inició Allende una carrera parlamentaria en la que sería invencible, a diferencia de sus experiencias como candidato presidencial.

Allende tuvo una corta vida como diputado, en la que se concentró principalmente en los temas de salud, que eran su especialidad. Como el tema de la Guerra Civil Española, que había estallado en 1936, tuvo repercusiones en Chile, la izquierda se comprometió especialmente con los partidarios de la República. Así, en un acto de solidaridad que se realizó en Valparaíso, intervinieron el escritor Augusto D'Halmar y el propio Allende.

Resulta interesante analizar un discurso en la Cámara de julio de 1938, referido precisamente a temas de salud, en los que muestra algunas de sus preocupaciones principales y el modo socialista de enfrentarlas. Sostenía que el problema nacional era "la miseria, el hambre y las enfermedades", tema sobre el que volvería en diversas ocasiones. Como solución al asunto veía la necesidad de "tomar medidas drásticas que signifiquen control de la producción y de la distribución", en una idea que estaba presente en los principios fundacionales del Partido Socialista. Allende continuaría con esta preocupación en 1939, al ser nombrado Ministro de Salubridad del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, tema que deberá tener una atención especial.

La cuestión de fondo en esos años es que había surgido un nuevo partido, el Socialista, y que ya contaba con uno de sus jóvenes con más futuro político, el médico Salvador Allende. Ambos sería actores decisivos en la historia nacional de las décadas siguientes, hasta la crisis democrática a comienzos de los años 70.

Profesor del Instituto de Historia y la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investigador del CEUSS. Director de Investigación del Instituto Res Publica. Doctor en Historia por la Universidad de Oxford.