“Fiscalidad voluntaria y responsabilidad ciudadana. Aportaciones a un debate filosófico sobre una nueva fundamentación democrática de los impuestos” es el título del libro en el que Peter Sloterdijk reflexiona esta tesis con la que viene a romper esquemas teóricos dentro la socialdemocracia actual.

​Surge en junio de 2009, el filósofo alemán publica el artículo: “La revolución de la mano que da”, en el contexto de la serie “Futuro del Capitalismo” del Frankfuter Allgemeine Zeitung y nos invita a preguntarnos: “¿Cómo habría de pensar el Estado al ciudadano, y cómo se pensaría este a sí mismo, si los impuestos, en lugar de ser obligatorios fuesen voluntarios?, ¿qué implicaciones ético-cívicas tendría esa transformación del sistema fiscal? (...) ¿acaso no hay otra alternativa?”.

​La mayor crítica provino de Axel Honneth, discípulo de Jürgen Habermas y una de las mayores figuras de la tercera generación de la Escuela de Frankfurt. Honneth considera a Sloterdijk un enfermo de seudonietzcheanismo, fruto de un resentimiento liberal-económico, y cuya propuesta constituye un intento por liberar a quienes más tienen de sus obligaciones tributarias con el Estado. La crítica fue superficial y no ética.

​A continuación me permito destacar algunas reflexiones de esta –muy extraordinaria- obra pero a su vez –humildemente- sugerir quienes teorizan desde la libertad, apreciar, en alguna medida, el planteamiento sloterdijkiano.

​Del análisis psicopolítico del momento actual —con el que se puede estar de acuerdo o no—, el autor arguye por un nuevo trato al sumiso contribuyente, su reconocimiento como dador o patrocinador en un Estado democrático y no como deudor, recuperando su `thymós` –entendido como `orgullo`-, con este cambio semántico. De lo anterior se sigue un despertar moral de la vida en sociedad, a pesar que este nuevo trato se combine con un sistema impositivo, en un primer momento. Para Sloterdijk no es aceptable que en el feudalismo, el absolutismo y la democracia, el fundamento impositivo sea el mismo: la coacción de la `mano tomadora`, debiendo transitar a la voluntariedad como elemento fundante en la provisión y justificación fiscal.

​El ciudadano sería un actor relevante en el proceso fiscal, en el que podría involucrarse también en el gasto, asociándose para un mayor control, e incluso con la opción de aportar a la deuda pública para su pronta extinción, si se quiere. El político tendría la carga ética mayor en sus decisiones con dichos recursos, ya no vistos como esa masa monetaria anónima que irremediablemente estará a su libre disposición.

​Sloterdijk se hace cargo de las críticas de la `veteroizquierda`—de dialéctica marxiana— y la izquierda conservadora en esta materia, contrapreguntando: “¿de dónde el nerviosismo con el que se aferran a que el dar para el bien común solo sería un dar correcto si se efectúa bajo coacción y amenaza penal?” y repensando el orgullo del dar como una virtud en medio de las estructuras de la democracia existente que deben encaminarse hacia la fiscalidad voluntaria para la reavivación ética.

​Por su parte, no deja de estar decepcionado de que la socialdemocracia no consiga encontrar ideas nuevas y sea incapaz de renovar su léxico. Y por nuestra parte, también. Los liberales clásicos que nos precedieron no desarrollaron una teoría acabada sobre la tributación pero se oponían ferozmente al alza de impuestos, olvidando los supuestos estatalitas sobre los cuales se erige la fiscalidad, esto no ha variado. No es una crítica para ellos, el pensamiento liberal del s. XIX y comienzos del XX estaba dominado por otro contexto. El llamado de atención es actual, en nuestra época vivimos con las mejores condiciones con las que haya vivido nunca la humanidad, existe riqueza, la tecnología y la ciencia progresan pero aun así, emerge una profunda insatisfacción y desconfianza.

​El llamado de Sloterdijk es a un cambio paulatino y una alternativa, no es una abolición inmediata de la ya sacrílega e inmaculada fiscalidad estatal, cuya reflexión pública parece sólo girar en torno a las tasas o a la creación de nuevos tributos para las estimaciones recaudatorias.

​Estamos cada día más informados pero a la vez indignamos con el poder político, ello nos recuerda que estamos insertos en comunidad con dimensiones políticas, económicas y culturales, es en medio de ésta en que nos relacionamos para la prosecución de nuestros fines. En este cuadro, un cambio de tal magnitud impone nuevos desafíos: pensar la política, la libertad y la vida cívica en una posdemocracia.