Este martes 19 de abril ha fallecido Patricio Aylwin Azócar, Presidente de Chile entre los años 1990 y 1994. Es necesario recordar el contexto en que le tocó asumir el mandato supremo, luego de 17 años de un Gobierno Militar, que asumiera luego de derrocar a Salvador Allende, quien sumió al país en una lucha fratricida cuyo objetivo era obtener el control total para imponer el socialismo, por las armas si fuera necesario. Fue justamente en aquellos años anteriores al Gobierno Militar cuando Aylwin se opuso férreamente al proyecto totalizador de Allende, siendo Presidente de la Cámara de Diputados que en agosto de 1973 declarara al Gobierno de la Unidad Popular como incostitucional. Si, el mismo que con su actuación institucional propició el escenario para el fin de la aventura socialista, luego de 17 años fue electo Presidente de Chile con el apoyo de esos mismos socialistas, ¿cuántos pueden contar esa historia?

FOTO: FELIPE GUARDA/AGENCIAUNO

Pero no es de Aylwin de quien quiero hablar (al menos no directamente), sino de la actitud que han tomado las nuevas generaciones del "progresismo" en todas sus facetas frente al fallecimiento del estadista.

Cuando a don Patricio se le preguntaba sobre su Gobierno, el siempre sostenía que trató de hacer lo mejor que pudo, "en la medida de lo posible", según las circunstancias le permitieron. Pinochet continuó siendo Comandante en Jefe del Ejército durante su mandato, y sendas comisiones investigadoras se dedicaron a escudriñar el pasado reciente para reparar el daño que las violaciones a los Derechos Humanos causaron, el Senador Jaime Guzmán era asesinado en la puerta de la Universidad Católica por el grupo terrorista "Frente patriótico Manuel Rodríguez", y los militares se acuartelaban cuando veían en peligro su situación. El clima no era muy tranquilo, para ponerlo en términos simples. En efecto, Aylwin gobernó "en la medida de lo posible", y aún así supo administrar un modelo del que no era autor y no necesariamente compartía, pero había evidenciado ser el mejor para un Chile que venía marchando con fuerza y libertad, lo que lo convirtió en uno de los protagonistas del "milagro chilenos" de los 90s.

Sin embargo esto no es causa de aprecio para el progresismo, sino más bien un signo de debilidad. Ellos reclaman que el pueblo requiere más de lo que "la medida de lo posible" permita, que no hay excusas para "agachar la cabeza" y que lo único aceptable es seguir hacia adelante con el programa socialista, sin importar consecuencias. Su lema siempre ha sido "avanzar sin transar".

Y eso no solo pasa en Chile, sino que en todo el mundo, es el problema endémico de la izquierda: siempre que exista alguien de izquierda, aparecerá otro que será más de izquierda aún, que acusará al primero de ser un reformista, un "tibio", y que el verdadero socialismo es el que él representa. Lo hemos visto en todos lados, con el chavismo, con Podemos en España (las mismas críticas que aquí señalamos son las que hace Iglesias al PSOE), y seguirá replicándose. Es que no lo pueden evitar.

"Siempre que exista alguien de izquierda, aparecerá otro que será más de izquierda aún, que acusará al primero de ser un reformista, un "tibio", y que el verdadero socialismo es el que él representa"- José Carlos Meza Pereira, analista Círculo Acton Chile

Surge la pregunta entonces, ¿puede gobernarse más allá de "la medida de lo posible"? Lo único que nos queda es gobernar en "la medida de lo imposible", y eso es lo que exige el buen socialista, avanzar hacia lo imposible, hacia lo inalcanzable, esa es la esencia de su discurso, y no tienen problema en admitirlo.

Los invito a tomar cualquier causa que en cada país la izquierda tenga como bandera de lucha, yo tomaré de ejemplo la exigencia de educación superior gratuita en Chile. Esta consigna fue el motor de las movilizaciones estudiantiles de 2011, y permitió que a la postre cuatro de los líderes de dichas manifestaciones llegaran al Congreso en 2014. ¿Qué es lo que se pedía en un comienzo?, simplemente que se aumentaran las becas para los estudiantes; pero eso no fue suficiente para un grupo de izquierda, quienes acusaron a los primero de ser unos reformistas, y exigieron que la educación fuera completamente gratuita para todos. Pero hubo un grupo que consideró esto último insuficiente, ya que un verdadero socialista debería luchar por eliminar todo vestigio de libertad de enseñanza, y así surgió como bandera de lucha la estatización de todos los planteles educacionales, o por lo menos la eliminación de las Universidades privadas. No pasaron muchos meses hasta que esta nueva exigencia fuera vista como moderada, y así se levantó como norte la participación de los estudiantes en las decisiones académicas y económicas de las universidades, lo que se conoce como "triestamentalidad". No exagero cuando digo que los últimos petitorios del movimiento estudiantil exigían una salida soberana al mar para Bolivia y el fin de la caza de ballenas por parte de Japón.

¿Cómo ocurrió todo esto, tan solo en cinco meses?, fácil, es la esencia de la izquierda. No sorprende que quienes sostenían en un comienzo el aumento de las becas para los estudiantes fueran vistos como el más acérrimo derechistas hacia el final de las movilizaciones. Es del ADN de la izquierda el luchar por imposibles, por eso siempre atacaran al gobierno de turno por no ir más rápido hacia el socialismo; lo quieren todo, y lo quieren todo ahora, aunque no sepan ni cómo hacerlo.

Esto explica también por qué los proyectos socialistas fracasan (y seguirán fracasando), ya que mientras no actúen con los pies puestos en la tierra, sus ideas están condenadas a la derrota. Esto último es muy importante tenerlo presente, porque muchas veces se ha creído que basta con que el socialismo fracase para que la población se de cuenta de lo equivocado de sus postulados; sin embargo esto no ocurre, y en incontables ocasiones hemos visto cómo las naciones salen de un socialismo fracasado para caer en otro. Es de trascendental relevancia el saber expresar estas ideas de manera clara y amigable, para que de una vez por todas los pueblo dejen de creer en el cuento imposible de la izquierda; aquí no basta con tener la razón, hay que demostrarlo siempre, todos los días.

La muerte de Patricio Aylwin, quien gobernara "en la medida de lo posible", ha vuelto a despertar el deseo irrefrenable de la izquierda por luchar por causas imposibles, por fracasos garantizados, para ellos lo único aceptable es gobernar en "la medida de lo imposible".