Un proceso obligado después de cada elección FEUC es el de las eternas teorizaciones sobre el gremialismo. Tanto ha marcado esta corriente de pensamiento a nuestro país, que luego de cada elección surgen, si triunfó el naranja en las urnas, quienes inventan toda clase de teorías para explicar cómo es posible que un movimiento político —tan legítimo como los demás— luego de casi 50 años siga ganando elecciones. Que cambiaron las ideas, que tenían uno o dos liderazgos buenos, que los otros estaban muy mal y suma y sigue. Por el contrario, si el Movimiento Gremial pierde la elección todos sus opositores arman fiesta: es como si la derrota gremial ratificara lo que han dicho por 48 años seguidos y ahora sí que les diera la razón. Pero pasa un breve lapso de tiempo y nuevamente el gremialismo vuelve a ganar la Federación, los Centros de Alumnos y otros cargos de representación, demostrando una vez más su incidencia en el marco político nacional y el vigor actual de sus ideas.

Senador Jaime Guzman

¿Por qué es tan difícil aceptar el éxito ajeno? El Movimiento Gremial podrá haber perdido las elecciones este año, pero es imposible negar la realidad de que lleva marcando pauta a nivel universitario y nacional por mucho más tiempo que varios de los movimientos temporales que han intentado construir exactamente lo mismo que el gremialismo, pero han fracasado en el intento.

La respuesta a la interrogante formulada se podría sintetizar en la soberbia (talón de Aquiles de todo político o intelectual) de intentar ocupar el escaño de poder que ocupó el fundador del Gremialismo en su momento. Todos quieren ser Guzmán y no se percatan de dos importantes diferencias entre lo que Jaime un día edificó y lo que actualmente los otros movimientos y corrientes políticas ofrecen:

Primero que nada, un proyecto trascendente. Jaime jamás persiguió el poder a toda costa. Lo aceptó cuando se le llamó a hacerlo, desde una profunda vocación al servicio público, pero nunca pretendió ser el rostro que aparecía en la foto o el intelectual bajo las sombras del que todos hablaban. Él intentaba, desde una espiritualidad católica profunda, que fuera Cristo quién ordenara el devenir social y precisamente en ese punto radicaba la clave de su arrollador liderazgo. Ciertamente que se valía del poder para conseguir objetivos –estamos hablando de política, señores, el arte del poder–, pero jamás le veía como un fin en sí mismo, como lamentablemente observamos hoy mediante testimonios de vida que disocian los supuestos principios que promueven del obrar personal. El proyecto de Jaime logró enamorar a generaciones, como lo sigue haciendo al día de hoy, por que reconoció la esencia del hombre y la representó en materia política, sin confusiones, ambigüedades o vanas conveniencias.

«El proyecto de Jaime logró enamorar a generaciones, como lo sigue haciendo al día de hoy, por que reconoció la esencia del hombre y la representó en materia política» —Henry Boys, presidente Soñando Chile.

Segundo, ideas claras, graníticas, no moralidad líquida. Otra de las claves del éxito del gremialismo y de su vigencia a lo largo de todos estos años fue el establecer un marco moral claro y definido, pero con la suficiente libertad para adaptarse a los signos de los tiempos. La dignidad de la persona humana, la subsidiariedad (pasiva pero también activa, como algunos opositores insisten en olvidar al describirlo para justificar su propia existencia), la autonomía de los cuerpos intermedios que tanto se atropella hoy, el Bien Común como finalidad y el Amor trascendente como criterio rector. ¿Y el capitalismo salvaje? Entérese, el gremialismo jamás ha “pactado” con el liberalismo en materia económica. ¿Y la despolitización de los cuerpos intermedios? Si bien Jaime Guzmán empleaba el término, se refería a una despolitización de criterios políticos externos a dicho cuerpo intermedio, no a la política interna del mismo que siempre existirá y que es necesaria para ordenar su obrar, como en cualquier sociedad de personas, por grande o pequeña que esta sea. En sus palabras:

«Validar las acciones de un gremio en “solidaridad” con otros, o en defensa de los “intereses indirectos” que, como ciudadanos, afecten a sus integrantes, privaría de toda frontera al campo de acción de los organismos gremiales, proyectando artificialmente el problema (interno) de cualquiera de ellos a una dimensión nacional », (La Segunda, 6 de Mayo de 1983).

En tiempos donde, por ejemplo, se critica la autonomía de la Pontificia Universidad Católica de Chile para prohibir el aborto en sus Hospitales o cancelar un foro que promovía subrepticiamente valores ajenos a los que sustenta de manera pública dicha casa de estudios, semejante aserto, emitido hace más de 30 años, sigue teniendo más relevancia que nunca. ¿Qué su pensamiento se quedó en la guerra fría? Repítanlo cuando —ni Dios lo quiera— la Universidad Católica se estatice, se defina por parte del Estado sus mallas curriculares, pierda el carácter de Pontificia y el marxismo consiga, como ya lo hizo en Cuba y Venezuela, reemplazar la religión del Gobierno (o en este caso, de una Universidad) por un “Gobierno como religión”, en términos de Rousseau. Olvidar la importancia de este principio conduce, como nos anticipara Guzmán, al peor de los totalitarismos.

Como toda corriente de opinión, las ideas del gremialismo deben actualizarse para conservar su vigencia, puesto que gracias al influjo de distintos procesos culturales como la globalización, los desafíos van variando y, en consecuencia, las respuestas deben adaptarse para ser eficaces. Pero entender los nuevos problemas y encontrar nuevas respuestas no significa renunciar a los principios motrices que infunden la esencia del Movimiento Gremial. Como se demostró previamente –y como podría demostrar con cada uno de aquellos pilares– el Chile de hoy necesita al gremialismo incluso más que el Chile en el que vivió Guzmán, en tanto la “Cultura de la Muerte” (como denominara San Juan Pablo II) asedia hoy con más fuerza que ayer y con renovados rostros. Renovación sin renuncia, evocando a nuestra Presidenta, es lo que el Movimiento Gremial necesita y, mientras haya un solo gremialista convencido de sus ideas y de la importancia que estas tienen para nuestra patria, Jaime Guzmán y el gremialismo no morirán jamás.

Presidente Fundación Soñando Chile