Hace mucho tiempo que la DC acarrea una crisis de identidad y, en el marco de la discusión sobre el aborto, la confusión interna y las pugnas de poder entre sus altos mandos así lo han evidenciado. No es secreto para nadie que en la DC coexisten hoy dos grandes líneas de pensamiento: los católicos nostálgicos de la falange y ciertas nuevas generaciones que ven en el progresismo un nicho seductor.

FOTO:MARIBEL FORNEROD/ AGENCIAUNO

Curioso resulta, no obstante, que las bases de su partido (el segundo más grande de Chile, con 115.000 militantes en el último catastro público elaborado por CIPER) detenten los valores originales, mientras que en las reuniones de la elite política, a cuatro paredes, los máximos dirigentes no consigan ponerse de acuerdo. En efecto, la base fiel de la DC es fiel también a su ideario original, que los llevó a escindirse del Partido Conservador por la comodidad imperante. A la base abnegada democratacristiana aún la mueve una visión trascendente del ser humano y no se encuentra henchida, como ciertos jóvenes políticos de fuste, por los avances que la cultura materialista ha conseguido introducir en parte de la dirigencia. Así lo demuestra el apoyo que concita el sector tradicional en las actividades distritales, la cercanía de líderes de la talla de Soledad Alvear con los caudillos populares o la lógica con la que habla cualquier militante DC que no se encuentre bregando por un escaño: están por amor a la causa, la causa original, esa que no tiene nada que ver con progresismos inocuos carentes de labor concreta.

A la base abnegada democratacristiana aún la mueve una visión trascendente del ser humano y no se encuentra henchida por la cultura materialista introducida en parte de la dirigencia.

A los caudillos populares, paladines humildes del socialcristianismo, les cuesta trabajo entender por qué diputados de su partido atacan a las Iglesias cristianas (con especial énfasis en la Iglesia Católica) con la misma vehemencia que un marxista de los años 20 o de los comunistas que conocemos hoy. O por qué razón, como bien denunciara este medio, dos de sus máximos referentes escogen las vacaciones y el mundial de rugby en vez de extender una mano solidaria a su gente. Todos podemos perdonarle a alguien encontrarse lejos al momento imprevisto de la catástrofe, pero lo que resulta injustificable es que Pizarro y Walker se tomen vacaciones en semanas que son, como para cualquier mortal, laborales. Y no se entiende, insisto, por que la Democracia Cristiana surgió para denunciar la injusticia y la incoherencia de políticos conservadores, surgió desde una vocación de servicio y entrega admirable, no desde la comodidad y la blandura que hoy el progresismo le propone a Chile desde algún sector de aquel partido.

Quienes encarnan a diario los ideales originales de la DC no necesitan preguntárselo, puesto que son testimonios vivos. Cuentan, en sus bases, con la mejor escuela para sus políticos de primera línea. No obstante, es a estos últimos a quienes les vendría bien reflexionar un poco: ¿Qué diantre están entendiendo por “democracia”? ¿Saben lo que implica autodenominarse “cristiana”?.

Para un partido que denunció con fuerza los vejámenes de la dictadura, debieran tener muy claro que la democracia implica, entre otras cosas, un respeto irrestricto a los derechos humanos de todos por igual, sin distinciones. Al mismo tiempo, el autoproclamarse cristianos les conmina a aceptar lo que tal ideario conlleva, por lo pronto, la confesionalidad de reconocer a Cristo y su mensaje, que no es un mensaje de muerte, sino de vida.

La aprobación del aborto en la Comisión de Salud es un fracaso político y el que diputados democratacristianos celebren haber rebajado un par de semanas evidencia su falta de liderazgo al interior de la Nueva Mayoría, así como el abandono de las ideas en un partido que históricamente se había caracterizado por defenderlas. Una DC a favor de la vida triunfa desde muchas perspectivas, en tanto la posición que permite matar al inocente para la DC constituye una derrota evidente y, al corto plazo, una sentencia de muerte: deja de ser democrática y, por cierto, deja de ser cristiana.

Estamos frente al punto de inflexión que marcará, en sus ya 58 años de existencia, si el partido socialcristiano de Chile subsiste o si pasa a engrosar los anales de la historia política de nuestra patria. Si la DC permite que se apruebe el aborto, desaparece. Vulnerar la dignidad del ser humano no admite matices.

Presidente Fundación Soñando Chile