Luego del reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, algunos analistas e historiadores han puesto sobre el tapete que Chile debe responder a la narrativa histórica de Bolivia, expresada durante el juicio y, sobre todo, en su campaña comunicacional. A la luz del discurso de Evo Morales, de Carlos Mesa, y de tantos defensores de la causa boliviana, es posible distinguir tres grandes mitos históricos: de la usurpación, de la imposición y de la intransigencia.

Foto:AFKA/Claudia Morales/AGENCIAUNO

Si bien sólo el último —la supuesta negativa de Chile a negociar una salida soberana al mar en favor de Bolivia— dice relación con la cuestión debatida en La Haya, no cabe duda que los otros dos conforman el telón de fondo de la demanda presentada ante la Corte. Por lo mismo, no es casualidad que el fallo aludido haya dicho que Chile le declaró la guerra a Bolivia, sin mencionar las causas inmediatas del conflicto, como la violación, de parte de La Paz, del Tratado de 1874, y la celebración, un año antes, del Tratado secreto “defensivo” con el Perú.

Por otra parte, la deficiencia comunicacional de Chile ha quedado al descubierto con su paupérrima respuesta al Libro del Mar. Este documento da cuenta de toda la narrativa histórica con que Palacio Quemado apoya su causa, la que precisamente puede desglosarse en los tres mitos indicados. Chile, en cambio, ha respondido que Bolivia sí tiene acceso al mar y que el Tratado de 1904 se encuentra plenamente vigente. Como se observa, se trata de una no-respuesta, porque en vez de refutar o matizar los mitos bolivianos, reduce toda su argumentación a aspectos meramente económicos y jurídicos.

¿Qué decir frente a tales mitos?

Sobre el de la usurpación, el origen de la Guerra del Pacífico no puede reducirse a un único factor, como el económico (guano y salitre), sino a un conjunto complejo de elementos: políticos, diplomáticos, militares y, por cierto, económicos. Y aunque pueda sostenerse que a la guerra se iba a llegar tarde o temprano —en particular, por la inestabilidad fronteriza que supusieron los tratados de 1866 y 1874—, el comienzo mismo del conflicto puede encontrarse en el incumplimiento del segundo de tales tratados, de parte del gobierno de Hilarión Daza, quien apostó todas sus fichas al apoyo militar (y naval) del Perú. El historiador boliviano Alcides Arguedas —al calificar a Daza como un “caudillo bárbaro”— asume una visión más integral del origen de la Guerra del Pacífico (Historia General de Bolivia, 1967).

"La de Chile (...) se trata de una no-respuesta, porque en vez de refutar o matizar los mitos bolivianos, reduce toda su argumentación a aspectos meramente económicos y jurídicos" — Valentina Verbal, historiadora.

El mito de la imposición del Tratado de 1904 es más fácil de refutar. La misma Historia de Bolivia de Carlos Mesa (2001) reconoce claramente que no existió amenaza de uso de la fuerza de parte de Chile, sino una actitud excesivamente pragmática de la clase política altiplánica. Clase que optó por el progreso del país, simbolizado en la construcción de ferrocarriles, antes que en la defensa del mar perdido. Mesa, sin embargo, no da cuenta que dicho mar no formaba parte esencial de la identidad boliviana de esos años. Esto será posterior.

El mito de la intransigencia —que es el que directamente se relaciona con el objeto de la controversia—, sostiene que las distintas negociaciones referidas a la cuestión marítima han fracasado por culpa de Chile. Pero nuevamente, a la luz de diversos autores bolivianos, tales momentos fracasaron, en buena medida, por errores de la misma Bolivia. Un caso interesante es la obra de Walter Montenegro, con su libro Oportunidades pérdidas (1987), quien señala que “haciendo una comparación con las desventuras que pueden ocurrir en la vida privada, una mujer puede alegar legítima y respetablemente que ha sido engañada, seducida, una vez y, con muy mala suerte, quizá dos veces; pero si el número de engaños llega a ocho será necesario encontrar otro factor o factores que expliquen la malhadada serie, además de la pérfida intención del seductor”. Para el caso de Charaña —momento en que Bolivia estuvo más cerca de volver al mar con soberanía—, invito a revisar mi trabajo como investigadora del centro de estudios Horizontal.

Los chilenos, y en particular las no pocas personas que en este país han estudiado la historia de las relaciones chileno-bolivianas, esperan que la defensa de Chile —política y jurisdiccional— no se ciña exclusivamente a consideraciones económicas y jurídicas. Y que, manteniéndolas, sea también capaz de responder la narrativa boliviana sobre la cuestión marítima. Para el cumplimiento de este objetivo, la información disponible es inmensa, por lo que no hay más tiempo que perder. El Gobierno tiene la palabra.

Historiadora. Consejera de Evópoli y Directora de Investigación de Horizontal.