Estamos frente a un hito clave en la libertad de prensa nacional. Ciertamente, lo que la Mandataria ha hecho es intimidar al periodismo chileno bajo el humo populista de “defenderse”. Si esta querella la gana Bachelet, será precedente para que los medios nacionales debamos chequear —antes que la justicia— si los datos expuestos en un informe de una investigación judicial son verídicos o no. Así de torcidas las consecuencias que ha emprendido la Presidente.

La justicia intimidada. Que no se te pase fuera de tu órbita que la presión no es sólo a la prensa nacional: también lo es para el juez que lleva el Caso Caval. Bachelet al “querellarse criminalmente” contra la publicación de la Qué Pasa, le envía un mensaje claro al juez: la Presidente dice que es mentira ese ítem de la carpeta del juicio, y que ella es capaz de ir hasta las últimas consecuencias.

Así, debilitada la justicia y debilitada la prensa nacional, los políticos seguirán impunes y Chile será un país populista, totalitario, amordazado.

La Mandataria mete miedo. Bachelet se pisa la cola. Dice creer “en la ética y en la responsabilidad que deben tener los medios a la hora de informar, validando la fuente para no enlodar la honra de nadie". Y la fuente está validada porque es el informe de Carabineros sobre escuchas telefónicas —aprobadas por el juez de la causa— al gestor inmobiliario de Caval, empresa de la nuera de la Jefa de Estado. Otro mal argumento para intimidar a la prensa. Además, como bien aclara la revista Qué Pasa en su declaración pública: esa carpeta no tenía ningún tipo de secreto.

Que quede claro: el medio no publicó una información sin corroborar, publicó una información cierta: los dichos del gestor inmobiliario de Caval expuestas en un informe de Carabineros al que la revista Qué Pasa tuvo acceso.

Mentira populista. “Estoy haciendo uso del derecho a defenderme”, dijo ayer Bachelet. ¿Defenderse de qué? Si lo que publicó la revista es lo que dijo Juan Díaz, gestor inmobiliario de Caval y que es parte de un informe elaborado por Carabineros en el marco de la investigación del caso que tanto ha golpeado a La Moneda.

Por lo mismo, si Bachelet quiere defenderse, tiene que hacerlo en el marco del Caso Caval, hacerse parte y ahí poner los acentos. Que un medio haya tenido acceso a esta declaración —de alto valor informativo, por cierto— y la haya publicado es de lo más natural. Un golpe, de hecho.

Incoherencia máxima. Ahora Bachelet se ofende por filtraciones de la investigación, pero su gobierno, sus voceros, parlamentarios, festinaron haciendo juicios de valor con las filtraciones de los casos Penta o SQM —que ahora embarró a la Nueva Mayoría.

Bachelet mete miedo a la libertad de expresión. Dice que presenta la “querella criminal” como ciudadana, pero la anuncia el ministro Secretario General de Gobierno, Marcelo Díaz (PS). O acaso, ¿el vocero de Gobierno hará puntos de prensa cada vez que un ciudadano se querelle?

La guinda de la torta: sin preguntas. Dijo que cree en la libertad de expresión, pero como en innumerables ocasiones, Bachelet no aceptó preguntas de la prensa nacional al término de leer su comunicado.

Conclusión. La honra de la Presidente Bachelet no está afectada por la publicación de la Qué Pasa. Su honra está afectada por los negocios hechos por sus familiares y por el presunto uso que habrían hecho de su nombre. Situación que hoy se encuentra investigando la —amedrentada— justicia chilena.

Las consecuencias de esta acción mordaza a los medios de comunicación son el comienzo de controlar la agenda de los medios en la vía legal. Ojalá estas acciones no sean parte de lo que pretende empujando un proceso constituyente.

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