“Queremos anunciarle al país que tenemos un gran avance para las mujeres, que es poder aumentar su espacio de participación y de representación en el mundo de la política”, así comentó la Ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Claudia Pascual Grau tras la aprobación del criterio de cuota de género del proyecto de ley que modificaba el sistema electoral binominal.

Para tener en cuenta, esta modificación estableció una cuota de género para que ningún partido presente más de un 60% de candidatos de un mismo sexo para las próximas cuatro elecciones parlamentarias. De esta forma se busca asegurar que al menos el 40% de las candidaturas sean mujeres. En más de alguna ocasión, aprobar una cuota de género fue considerado una desigualdad ante la ley. Por ejemplo, en el escrito Parity in France: A ‘Dual Track’ Solution to Women's Under Representation publicó que Francia en 1982 y 1995 en Italia, los respectivos tribunales constitucionales anularon las leyes de paridad para considerar que violaban la igualdad ante la ley.

Lo cierto es que hoy tenemos más de una razón que la violación de la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, igualdad que tanto defendieron nuestras primeras feministas y que han compuesto las raíces del movimiento femenino. La representación política consiste en la representación de ideas (aunque hoy los políticos estén al servicio del populismo y la demagogia) y no de grupos sociales o de géneros. En la misma línea, la representación política en el parlamento como en cualquier otro objetivo, se ha dado en virtud del mérito de las personas por lograr un cargo determinado. Todos esperamos que nos represente el candidato más idóneo, es decir, eficaz, sincero, eficiente en sus labores, y honesto. Por lo mismo, las cuotas son impedimento a la idoneidad de la persona que esperamos que nos represente en el parlamento, independientemente si ésta es mujer u hombre.

Otro punto no menos relevante es la autonomía de los partidos políticos en el proceso de selección de candidaturas. ¿Cuál es la libertad que le queda a un partido político sobre la elección del candidato más idóneo para representar sus valores, principios e ideas, si el Estado impone una restricción importante sobre su libre elección?

Sin embargo, a pesar de que lo anterior no deja de ser importante, lo que me parece profundamente grave como mujer, es que las leyes de cuota de género sean una especie de “discriminación positiva” para darnos un lugar que no tenemos. Es decir, se nos dice directamente en la cara, escrito en papel con exigencia legal y aprobada por varios parlamentarios que prácticamente somos incapaces de conseguir un lugar en el parlamento como los hombres. Ante nuestra incapacidad de liderazgo o de idoneidad representativa, para no hacernos sentir mal, han decidido que una “ley nos ayude” (que de ayuda no tiene nada).

Muchas mujeres no queremos ser elegidas sólo porque somos mujeres, queremos ser elegidas porque tenemos igual inteligencia, igual liderazgo e idoneidad para ocupar un lugar en el congreso. Las cuotas contribuyen a construir el argumento evidente que las mujeres seremos nombradas como candidatos por los partidos políticos gracias a nuestro sexo y no a nuestro talento. Talento que para los que aprobaron y promovieron la ley, no poseemos y por lo tanto, se nos ha asignado un “cupo” mediante la ley. Muchas mujeres tal vez ni si quiera queramos ocupar cargos en el parlamento.

Hoy, sin ley de cuota de género, cinco partidos por ejemplo están liderados por mujeres: Isabel Carolina Goic en la Democracia Cristiana, Isabel Allende en el Partido Socialista, Jacqueline van Rysselberghe en la UDI, Lily Pérez representa a Amplitud, y Alejandra Bravo, a cargo del Partido Regionalista Independiente. Estas mujeres no son representantes políticos sólo por ser mujeres, son líderes por desarrollarse de tal manera y mostrar aptitudes de liderazgo político ante la sociedad.

No podemos estar a favor de una ley que idiotiza a las mujeres y las cree incapaces de alcanzar objetivos por su cuenta. Esta ley es discriminatoria y debe replantearse por todos para exigir su derogación.

Estudiante de derecho Universidad de los Andes. Becaria en el programa Institute for Leadership in the Americas (ILA). En el sur de Chile ha participado en distintas iniciativas de carácter cívico y social