Nadie sabe para quién trabaja, recuerda el saber popular, y el marxismo cultural contemporáneo lo tiene muy claro. Hace un par de semanas llegó a Chile la famosa marcha “ni una menos” que, bajo el no tan buen maquillaje de combatir la violencia de “género”,  intentaba posicionarse como una campaña altruista en defensa de la mujer. Nada más lejano a la realidad. No obstante, en un país desinformado y con habitantes que escogen las manifestaciones o el estadio para desahogar sus pasiones ocultas, logró concitar el apoyo popular para catapultar a sus líderes al éxito y al esperado posicionamiento mediático. Después de todo, quién podría suponer que tras encabezar una marcha alguien pensaría en ser diputado, ¿no?

Bienvenido sea, entonces, un refrescante baño de realidad y política internacional. Esa campaña partió en Argentina hace un par de años, a raíz de los “Encuentros de Mujeres”. Aquellas reuniones son una especie de cumbre progresista anual, en donde se dan cita quienes promueven la agenda abortista, feminista radical, homosexual, anti-capitalista, entre una serie de otras consignas de carácter minoritario y revolucionario. Finalizado el evento y como acto de clausura, cada año marchan por la ciudad con el objetivo específico de atacar las Iglesias locales. Son cristianos de carne y hueso los que se acordonan fuera de los templos para defender, con sus propias vidas, la libertad religiosa que esta suerte de feminazismo pone en jaque durante su peregrinar por las calles. ¿Dónde queda el altruismo y el respeto? ¡Basta de engaños! Nunca existieron.

Y lo cierto es que tampoco existió jamás una real intención por solucionar el problema de la violencia contra la mujer. De haber existido, los manifestantes hubieran estado trabajando por esas mujeres, como hoy sí lo hacen tantos Sacerdotes en las poblaciones. Ellos son los verdaderos guardianes de la mujer, por que no la vuelven un instrumento al servicio del poder sino que la enaltecen hacia una vida plena.

¿Es lícito marchar? ¡Por supuesto! Pero es menester saber por qué y para quién se está marchando. La marcha es legítima cuando ya se han agotado todos los otros mecanismos que la democracia moderna entrega para canalizar las inquietudes al gobernante. Sino, lamento decirlo, es sólo la expresión de un anarquismo añejo y trasnochado.

“Ni una menos” instrumentalizó a las mujeres vulnerables y a todos los que participaron. Seres humanos fueron reducidos a capital político y el problema de fondo, al igual que con la reforma educacional, no ha sido resuelto. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que nos sigan utilizando?

Presidente Fundación Soñando Chile