En el marco de un documento orientado a fijar los mínimos comunes de “Chile Vamos”, Evolución Política (Evópoli), liderado por Felipe Kast, objetó la frase que plantea “la defensa irrestricta de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, con la cual se dejaría fuera del sector a personas que, legítimamente, son partidarias del aborto, la eutanasia e, incluso, de la píldora del día después. Dicha objeción generó en importantes dirigentes de la derecha tradicional un verdadero escándalo, señalando que la defensa de la vida en toda circunstancia debe ser un principio común e intransable.

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¿Por qué Evópoli se opuso a dicho texto? Básicamente, porque, respetando la diversidad existente en torno a cuestiones valóricas, el nuevo referente debe centrar sus mínimos comunes en el rol del Estado en materia económica y social, dejando a los partidos —y, sobre todo, a la mayoría de independientes que adhieren a él— las respuestas concretas a cuestiones de suyo complejas, como lo son el aborto y la eutanasia. El mérito de la postura defendida por Kast es que, sin renunciar a su posición personal absolutamente contraria al aborto, asume una mirada inclusiva con aquellos que no la comparten.

Lo interesante de esta polémica es que puede ser tomada como una muy buena oportunidad para debatir sobre la naturaleza de la derecha en Chile. En este sentido, una gran pregunta es: ¿Por qué algunos parten de la base que la derecha sea (o deba ser) necesariamente conservadora, excluyendo de su seno a personas y sectores liberales?

Una diferencia clave entre conservadores y liberales es que, mientras los primeros están dispuestos a utilizar la violencia del Estado para limitar la libertad personal en materia moral (por ejemplo, en el ámbito sexual, familiar, etc.), los segundos creen que la autonomía de las personas no se reduce sólo al plano económico, sino a todas las decisiones que ellas sean capaces de tomar por sí mismas, siempre que no dañen a terceros.

«¿Por qué algunos parten de la base que la derecha sea (o deba ser) necesariamente conservadora, excluyendo de su seno a personas y sectores liberales?» — Valentina Verbal, directora de investigación de Horizontal.

Es verdad que el aborto no es un asunto de mera libertad personal, porque lo que subyace a él es la definición sobre el comienzo de la vida humana y sobre el estatus de sujeto de derechos del no-nacido. Sin embargo, el punto es otro: ¿debe imponerse una visión única en un tema sobre el que existen diversas posturas? Otro problema del texto objetado es que deja fuera a quienes están a favor de la eutanasia, un asunto que sí, claramente, es de libertad personal.

Por otra parte, un autor como Norberto Bobbio —quien dedicó un libro completo a reflexionar sobre el significado de la distinción derecha e izquierda—, concluye que, así como la izquierda defiende el principio de igualdad de resultados, la derecha hace lo propio con el de desigualdad; o, dicho en positivo, de la diferencia. De este modo, y ahora pensando en el debate ideológico que actualmente enfrenta nuestro país, cuando la izquierda defiende los “derechos sociales” como herramientas para igualar hacia abajo, la derecha debería promover políticas focalizadas, destinadas a combatir la pobreza y a mejorar las oportunidades de todos, incluyendo a la clase media. Esta es la gran batalla ideológica que debería unir a “Chile Vamos”.

Aterrizando la polémica a un plano más concreto, no deja de sorprender el dogmatismo con que algunos dirigentes de la derecha tradicional han asumido en estos últimos días la defensa de la vida. Por citar un sólo ejemplo, cuando se derogó la pena de muerte en 2002, los parlamentarios de derecha defendieron en pleno (no recuerdo si existió alguna voz de minoría) la mantención de este castigo en nuestro país. El argumento central que se dio es que había aumentado la delincuencia y que, por consiguiente, derogar la pena de muerte constituía una señal a favor de la impunidad. La defensa irrestricta de la vida humana brilló por su ausencia.  

Por último, el problema no es que la derecha tradicional tenga sus propias convicciones en materia valórica, sino que se las trate de imponer al resto. La derecha no es necesariamente conservadora, sino diversa. Liberales y conservadores pueden trabajar juntos en torno a lo que los une. Para superar el dogmatismo referido, es necesario enarbolar la bandera de la diversidad. Y en esta tarea, se agradece el liderazgo de Felipe Kast a favor de una derecha abierta y no excluyente.

Historiadora. Consejera de Evópoli y Directora de Investigación de Horizontal.