El gobierno llamó a licitación para proveer un plan de comunicaciones orientado a fomentar la educación cívica especialmente en los “niños, jóvenes y sus familias a nivel nacional”. Los objetivos son difundir “los conceptos básicos de los marcos normativos, instituciones y valores democráticos”, buscando incentivar “conversaciones a nivel social sobre la importancia de las instituciones para la convivencia cívica”. Esta sería la primera etapa conducente al cambio de la Constitución.

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¿Qué rol le cabe a los católicos en esta formación cívica?

Prima facie, podría parecer que muy poco, dado que la misión de la Iglesia “no es ciertamente de orden político, económico o social” (Gaudium et spes 42). Sin embargo, aunque ella “no es de este mundo”, está en el mundo, y como Madre y Maestra (Juan XXIII), experta en humanidad, nada de lo humano le es ajeno (Paulo VI). En consecuencia, el católico no es una persona desarraigada de la realidad. Todo lo contrario. Fiel a este principio, desde sus orígenes en 1891, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) viene llamando permanentemente a todos los laicos a participar en la vida social, económica y política, entendida esta última como “una prudente solicitud por el bien común” (Juan Pablo II). Es más, podríamos decir que la DSI es una pedagogía cívica, en la medida que nos exhorta a ser buenos ciudadanos.

«El católico no es una persona desarraigada de la realidad» — Eugenio Yáñez, académico UAI y asesor de la escuela de líderes católicos.

En nuestro país, la Iglesia ha dado permanentemente testimonio de preocupación cívica. Aporta a formar cívicamente a través de sus colegios, o mediante instituciones como la Academia de Líderes Católicos que viene formando jóvenes hace ya muchos años en diferentes ciudades del país.

Los católicos no podemos restarnos a este desafío, por el contrario, debemos poner todos los medios a nuestro alcance para cooperar en esta labor, pues como enseñaba Juan Pablo II, promover la educación cívica y moral es la base para un orden social justo y en paz, que tanto necesita Chile.

Académico Universidad San Sebastián. Asesor Academia de Líderes Católicos. Vocero de Voces Católicas