Durante las últimas semanas el proceso de reforma a la Constitución ha vuelto a estar en el centro de la discusión nacional, ya sea por las críticas vertidas por distintos sectores a la forma en que el Gobierno ha llevado el tema, como también se han escuchado nuevamente ciertos argumentos de por qué el texto aprobado en 1980 debería ser reemplazado en su totalidad, dando paso a una Constitución escrita por la ciudadanía.

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

La Presidenta y la Nueva Mayoría constantemente han aludido a la ilegitimidad de origen que tendría la Constitución para impulsar su cambio. Sin embargo no mencionan lo que aconteció luego del 11 de septiembre de 1980, ya que en 1989 se aprobó el paquete de 54 reformas, con la aprobación cerca de un 91% (equivalente a 6.069.440 de chilenos). Es más, estas reformas contaron con el apoyo público de la Concertación. Posteriormente, el 2005 el Presidente Lagos firmó el 17 de septiembre la Nueva Constitución, donde la proclamó como “una Constitución que ya no nos divide”, pasando a tener la firma del propio Lagos y de sus ministros, entre ellos el Ministro Nicolás Eyzaguirre, que pese a haberla firmado, hoy en día dice que Chile tiene una Constitución ilegítima. Si de verdad cree esto, al menos debería considerar la posibilidad de renunciar.

El gobierno de la Presidenta Bachelet al atacar a la Constitución de ilegítima cae en un juego peligroso, ya que si ésta es ilegítima, quiere decir que los Gobiernos de la Concertación y de la Alianza también lo son, y que las reformas y leyes aprobadas en el Congreso Nacional también carecen de legitimidad. Pero es poco probable que el verdadero problema de la izquierda con la Constitución sea su legitimidad, o quién la redactó. El problema de fondo son las ideas que este texto contiene: el derecho a la vida, la libertad, el derecho a propiedad, la libertad de enseñanza, el Estado al servicio de las personas, la subsidiariedad. Y esto es lo que la izquierda quiere cambiar, ocupando la excusa de la legitimidad para lograr su objetivo.

Por otra parte, que el gobierno le esté dedicando tanto tiempo a reformar la Constitución, lo único que ha demostrado es la total desconexión que tienen con la sociedad, donde las personas creen que el gobierno tiene que enfocar sus esfuerzos en la derrota de la delincuencia, entregar salud digna a las personas y eliminar las largas esperas del sistema público, y de mejorar la calidad en la educación, y no estar preocupados de financiar la educación superior a quienes si pueden hacerlo. En las últimas mediciones del Centro de Estudios Públicos, la reforma a la Constitución ha ocupado los lugares 15 y 13 entre 16 temas.

No se puede dejar de lado temas prioritarios, como la vivienda y la pobreza, ya que muchas personas vivieron en carne propia durante estos días el frente de mal tiempo, que trajo inundaciones, cortes de agua y luz en distintos sectores de la zona central del país. Mientras todos el país sabía de la situación que se avecinaba, el Ministerio de Obras Públicas estaba más preocupado de transmitir la reforma constitucional, que de preparar a la ciudad para enfrentar de la mejor manera posible las lluvias y el frío por el cual pasaron millones de chilenos.
El gobierno debe empezar a trabajar para dar solución a los problemas que aquejan a los millones de chilenos, y dejar de lado su batalla por deslegitimar la Constitución que tantos integrantes de la izquierda apoyaron con sus votos en el Congreso, y que hoy desconocen. Y por otra parte, Chile requiere recuperar la senda de progreso que caracterizó al país durante tanto tiempo.

Vicepresidente Fundación ChileSiempre