Llegar a viejo en Chile es un castigo. Pobreza, soledad y enfermedad son los tres conceptos que más asocian las personas de la “tercera edad”. Aparte del drama humano involucrado en cada situación en particular de los (no tan) ancianos de nuestro país, el problema adquiere carácter social si consideramos que dicha población representa el 15% del total del país, es decir, casi 2.688.000 personas. Se calcula que para el 2020 esta cifra aumentará a prácticamente 3.265.000.

FOTO: DAVID CORTES SERY/AGENCIAUNO.

¿Por qué la vejez de los chilenos dista tanto de ser “los años dorados”? Porque vivir dignamente con una pensión promedio de $197.000 y con escasas posibilidades de encontrar trabajo es casi imposible. Porque el 87,2% de las personas mayores pertenece a Fonasa (sabemos lo que eso significa), el 3% a las Fuerzas Armadas y solo un  7,3% a una Isapre. Solo existen 70 geriatras en el país, y se requieren por lo menos 350. Pero esto no es todo. Las cifras de abandono y maltrato aumentan drásticamente, aunque exista una ley (N° 20.437) promulgada el año 2010 que tipifica el maltrato sicológico, físico, económico y abuso patrimonial como delito.  Durante el año 2014, a nivel nacional, el Senama recibió cerca de 3000 consultas y casos, siendo la mayoría por maltrato psicológico y abandono.

¿Quién se preocupa realmente por la tercera edad?

Los gobiernos de turno hacen lo que pueden, pero no todo lo que deben. O sea, siempre se podría hacer más ¿Y los políticos? Huelga la respuesta. Simplemente recordemos que la “tercera edad” tiene muy poca fuerza electoral. ¿Y qué han hecho los empresarios, llamados entre otras cosas a crear puestos de trabajo? Según la CASEN de 2011 solo un 24,5% de las personas mayores de 60 años tiene trabajo, un 0,9% está buscando, mientras que el 74,6% se encuentra inactivo. Salvo honrosas excepciones, son muy pocas la empresas chilenas que contratan mayores de 60 años.

La tan vapuleada Iglesia Católica desde hace muchos años viene emprendiendo iniciativas concretas en apoyo de los más ancianos. Imposible enumerar la larga lista de organizaciones que se dedican al cuidado de ellos, muchas veces de manera muy silenciosa. El año 2015 nuestros obispos llamaban la atención sobre la situación de abandono de muchos ancianos: “los vulnerables ya no son solo los explotados, sino que sobre todo, quienes son apartados e ignorados” (Equidad y desarrollo en Chile: el nuevo rostro de los excluidos”. Conferencia Episcopal y Comisión Justicia y Paz de la Pastoral Social Caritas Chile, 2015).

No cabe duda que las personas de “la tercera edad” son los grandes excluidos de esta “cultura del descarte”, como la llama el Papa Francisco. Cultura que se ha enquistado en el mundo político, económico y social y lentamente ha comenzado a colonizar el mundo familiar.

Es de esperar que en el discurso de este 21 de mayo, la presidenta haga algún anuncio que realmente mejore las indignas condiciones de vida de la mayoría de ellos. Tenemos serias dudas de que sea así (la fuerza electoral de los adultos mayores es muy poca), pero la esperanza es lo último que se pierde

Académico Universidad San Sebastián. Asesor Academia de Líderes Católicos. Vocero de Voces Católicas