La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un recurso estratégico para Estados Unidos y China, dos potencias que compiten por liderar una revolución tecnológica capaz de transformar la economía, la seguridad y el equilibrio geopolítico mundial. Sin embargo, esta carrera también plantea riesgos financieros, energéticos y políticos que podrían comprometer la estabilidad de ambos países.
El historiador Niall Ferguson, el exdirector ejecutivo de Google Eric Schmidt y la investigadora Lisa Klaasen analizan esta rivalidad en Empires of AI, un artículo publicado en Foreign Affairs. Su tesis sostiene que Washington y Pekín están construyendo una nueva modalidad de imperio basada en el control del conocimiento y la infraestructura tecnológica.
La inteligencia artificial como instrumento de poder global
A diferencia de los imperios tradicionales, cuya influencia dependía del territorio y las rutas comerciales, las actuales superpotencias tecnológicas ejercen su poder mediante semiconductores, centros de datos, modelos avanzados de IA y capacidad financiera.
Los autores consideran que la inteligencia artificial desempeña un papel comparable al del petróleo durante el siglo XX o al de la plata en el Imperio español del siglo XVI.
Esta concentración tecnológica genera relaciones de dependencia. Los países que necesitan acceder a sistemas avanzados deben recurrir, en buena medida, a infraestructuras y plataformas controladas por empresas estadounidenses o chinas.
Los recursos estratégicos condicionan el desarrollo tecnológico
El progreso de la IA exige enormes cantidades de electricidad, procesadores especializados, minerales críticos e inversiones multimillonarias.
Además, los beneficios económicos y las decisiones estratégicas se concentran principalmente en Silicon Valley y los grandes centros tecnológicos chinos.
Mientras tanto, países como la República Democrática del Congo e Indonesia suministran materias primas esenciales, y trabajadores de Kenia y Filipinas participan en tareas de clasificación y tratamiento de datos.
Dos modelos tecnológicos enfrentados
Estados Unidos mantiene una posición destacada en investigación, desarrollo de modelos avanzados y atracción de talento internacional.
Su ecosistema tecnológico se apoya principalmente en la inversión privada, los mercados financieros y las grandes compañías digitales.
Sin embargo, afronta dificultades relacionadas con el envejecimiento de su red eléctrica, la disponibilidad de minerales estratégicos y la fragmentación regulatoria.
China, por su parte, desarrolla una estrategia industrial coordinada por el Estado. Desde 2017, Pekín persigue el objetivo de convertirse en líder mundial de inteligencia artificial para 2030.
China apuesta por la robótica y los modelos abiertos
Una de las principales fortalezas chinas es la denominada inteligencia artificial encarnada, que integra sistemas inteligentes en robots, vehículos autónomos y otras máquinas capaces de interactuar físicamente con su entorno.
También destaca su apuesta por modelos de pesos abiertos y soluciones tecnológicas de menor coste, especialmente atractivas para economías emergentes.
Su principal debilidad continúa siendo la dependencia de tecnologías extranjeras para fabricar determinados semiconductores de última generación.
Estados Unidos, en cambio, ofrece predominantemente soluciones avanzadas, costosas y sujetas a mayores restricciones de acceso.
La deuda amenaza la sostenibilidad de la carrera tecnológica
La competencia por la IA requiere inversiones crecientes que coinciden con importantes desequilibrios financieros.
En Estados Unidos, la expansión de centros de datos se produce mientras aumentan las presiones presupuestarias derivadas del gasto social y los intereses de la deuda pública.
Según las cifras recogidas en el análisis, en 2024 el país destinó aproximadamente 881.000 millones de dólares al pago de intereses, frente a unos 874.000 millones en defensa.
Esta situación se relaciona con el denominado límite Ferguson, según el cual una potencia entra en una fase de vulnerabilidad cuando el servicio de su deuda supera el gasto militar.
China también afronta dificultades financieras vinculadas al endeudamiento público, las administraciones locales y las inversiones inmobiliarias anteriores.
El dilema entre defensa, innovación y bienestar
Los autores identifican un trilema imperial: mantener la superioridad militar, conservar el liderazgo tecnológico y garantizar un elevado nivel de bienestar social resulta cada vez más difícil de sostener simultáneamente.
Las restricciones presupuestarias podrían obligar a ambas potencias a establecer prioridades y reducir sus ambiciones internacionales.
Cuatro escenarios para el futuro de Estados Unidos y China
El análisis plantea cuatro posibles causas de declive de los nuevos imperios tecnológicos:
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Superación del líder: China podría adelantar a Estados Unidos gracias a su capacidad industrial, energética y robótica.
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Agotamiento financiero: los costes de infraestructura, defensa y deuda podrían comprometer las inversiones necesarias.
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Estancamiento burocrático: una regulación excesiva o la falta de reformas podrían frenar la innovación.
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Rebelión social o tecnológica: el desempleo provocado por la automatización y la pérdida de control sobre sistemas autónomos podrían desencadenar crisis internas.
Este último escenario introduce un riesgo particularmente novedoso: que agentes avanzados de inteligencia artificial actúen de manera imprevisible y comprometan infraestructuras críticas o sistemas de seguridad.
El verdadero desafío de la hegemonía tecnológica
La rivalidad entre Washington y Pekín no dependerá exclusivamente de qué país consiga desarrollar primero una inteligencia artificial general.
Según Ferguson, Schmidt y Klaasen, la cuestión fundamental será determinar qué potencia dispone de suficientes recursos financieros, energéticos y políticos para mantener una competencia prolongada.
La historia demuestra que los grandes imperios también pueden debilitarse por sus propias contradicciones. En la nueva era tecnológica, el liderazgo mundial podría corresponder no solo a quien desarrolle la inteligencia artificial más avanzada, sino a quien consiga sostener su desarrollo sin comprometer su estabilidad económica y social.

Javier Marías es colaborador en El Demócrata, donde cubre temas de actualidad, política, negocios, tecnología, deportes, entretenimiento y estilo de vida. Su trabajo se centra en ofrecer información clara, útil y bien contextualizada, acercando a los lectores noticias, tendencias y acontecimientos relevantes para comprender mejor el mundo que los rodea.

