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La Asamblea Constituyente allana el camino para un nuevo modelo de desarrollo

El pasado sábado 7 de mayo, la Conferencia Constitucional (CC) aprobó las normas que constituyen un nuevo tipo de Estado en el ámbito económico productivo, abriendo el camino para la construcción de un modelo de desarrollo que pueda acabar con el neoliberalismo. Previamente, la Comisión de Derecho Internacional había acordado normas que garantizaban derechos sociales básicos, poniendo fin a la mercantilización de la salud, la educación y el bienestar, así como al vergonzoso bienestar de la pobreza extrema.

Ahora bien, CC nos dice que “el Estado debe tener iniciativa general en la actividad económica” y así poder dedicarse a actividades empresariales. Las normas agregan explícitamente el objetivo de la diversificación productiva y fomentan la innovación, y además priorizan los temas ambientales. Además, el Estado «debe prevenir y condenar los abusos de mercado».

La fijación constitucional de este nuevo tipo de Estado es un cambio fundamental para nuestro país. Diversificar la economía, difundir el emprendimiento en el sector público, promover la innovación y proteger el medio ambiente cambiará la forma en que vivimos porque la base productiva actual del país, basada en los recursos naturales, es muy frágil. Es la base material de la desigualdad, el empleo precario y la creciente informalidad, agotamiento del crecimiento y baja productividad.

De hecho, la actual base de producción y exportación del país, basada en recursos naturales, es muy frágil. No sólo porque las materias primas están sujetas a bruscas fluctuaciones de precios en el mercado internacional, sino también porque este tipo de producción no concentra todas las fuerzas productivas y su concentración regional impide que se extienda al resto de la sociedad. De hecho, es un comercio de alta rentabilidad para una minoría de las grandes empresas, pero el bajo valor añadido que genera estrecha los límites de producción y no ayuda a crear fuertes fuentes de empleo.

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Mientras las materias primas son sobreexplotadas y sus ganancias se concentran en manos de una minoría de empresarios que las producen y exportan, el medio ambiente se ha visto cada vez más afectado. Además, esto ha afectado la disponibilidad de agua, debido a que se excluye del consumo humano para uso intensivo en agricultura y minería.

La minería del cobre se exporta sin ningún valor agregado, mientras que la sobreexplotación de la pesca industrial ha llevado al colapso de importantes recursos marinos. Al mismo tiempo, la erosión de los bosques locales estuvo acompañada de un aumento de las plantaciones de bosques exóticos, especialmente de pinos y eucaliptos, con daños irreversibles en el suelo.

Tal como están las cosas, con una estructura productiva subdesarrollada, el sector privado no está interesado en invertir en ciencia y tecnología. El estado tampoco. Prueba de ello es la exigua inversión en ciencia y tecnología de apenas el 0,35% del PIB de ciencia y tecnología, mientras que en la OCDE es del 2,5%.

Con una matriz productiva basada en recursos naturales y poca investigación en ciencia y tecnología, la economía ha sufrido una caída en la actividad económica y la productividad en los últimos años, lo que ha llevado a la precarización del empleo y al crecimiento de la informalidad.

Como dijo Ricardo Hausmann de la Universidad de Harvard, la economía chilena, basada en el precio del cobre bruto, está cerrando las puertas al desarrollo. Así lo confirmó el economista Ha-Joon Chang de la Universidad de Cambridge, cuando señaló que el desarrollo solo se potencia cuando aumentan las habilidades productivas de las personas; Cuando mejoran su capacidad de organizarse en actividades industriales y empresas innovadoras y son capaces de transformar el sistema productivo. En otras palabras, la diversificación productiva junto con el progreso técnico y la educación de los trabajadores es fundamental para el crecimiento y desarrollo de los países.

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El crecimiento económico basado en los recursos naturales y su exportación al mundo no allanó el camino para el desarrollo de Chile. Incluso este tipo de crecimiento había llegado a su límite, se había quedado sin fuerza. Esta matriz productiva y exportadora constituye restricciones al desarrollo y es también la base material de la desigualdad: en ingresos, entre regiones, en salud, educación y pensiones.

¿Por qué no se han implementado cambios fundamentales para ajustar la matriz exportadora de recursos productivos y naturales? Porque en la lógica neoliberal, el mercado debe ser la guía exclusiva de los operadores económicos. Además, la producción de recursos naturales es menos costosa para los empresarios rentistas y el estado inmóvil no establece políticas públicas para reconducirlos. Pero, sobre todo, porque así está consagrado en la constitución de 1980. El Estado no puede interferir en los mercados y no puede dedicarse a actividades empresariales.

La Asamblea Constituyente ha venido a cambiar esta situación. Sus reglas en la nueva constitución anuncian un nuevo modelo económico, cuya diversificación conducirá a la difusión de nuevas fuerzas productivas. Ya no estaremos confinados a la producción de recursos naturales. Ahora será posible impulsar las industrias manufactureras, sin las trabas de los mercados. Será esta base material la que permitirá aumentar la productividad, restaurar el crecimiento y mejorar la base tributaria del país, de manera que se puedan financiar los derechos sociales garantizados en la nueva constitución. El Estado podrá convertirse en factor efectivo de transformación productiva.

Esto, por cierto, no es del agrado de la minoría empresarial rentista y sus empleados, los economistas de empresa. Por eso rechazan la nueva constitución. Les resulta doloroso, no sólo tener un Estado que garantice los derechos sociales de todas las familias chilenas, sino que también les resulta inaceptable que el Estado haga negocios e incluso intervenga en el mercado, a través de políticas públicas, para redirigir inversionistas a favor de procesos productivos que agregan valor a los recursos naturales.

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El acuerdo fundacional allana el camino para un nuevo modelo de desarrollo. Las actividades productivas se desplegarán en todas las áreas y no sólo donde haya producción cuprífera, pesquera y forestal. La diversificación será la nueva base material del modelo de desarrollo, con el apoyo activo de la ciencia y la tecnología modernas, promovidas por el Estado. De esta forma, será posible relanzar el crecimiento y la productividad en las distintas ramas de la economía, en respuesta al ya agotado modelo de renta. Esto permitirá una convergencia positiva de los trabajadores, las pequeñas y medianas empresas, las grandes empresas y el Estado, sin soslayar la protección del medio ambiente y al mismo tiempo asegurando el funcionamiento efectivo de la competencia.