Persecución y hostigamiento. Eso es lo que tuvo que soportar el fiscal venezolano Franklin Nieves por negarse a justificar un fraude que algunos intentan llamar juicio: 13 años de condena para Leopoldo López por supuestos cargos de instigación pública, asociación para delinquir, daños a la propiedad e incendio. Sin embargo, todos saben que, en realidad, el principal líder opositor venezolano no está detenido por estos delitos, sino que está preso por sus ideas.

Leopoldo López, líder opositor venezolano.

Viendo el contexto de este caso ¿qué podemos tomar como lección de esta situación?

En política el debate de ideas es algo común. El problema empieza cuando se hace revolución y no política, cuando la realidad vence a la ideología y no queda más remedio que la abolición de las reglas del juego, el borrado de la cancha. El respeto a las instituciones, a las leyes en su sentido correcto (y no el sentido conveniente), la separación de los poderes y la democracia, no son ideas propias de un sector político. Son los mínimos en los cuales se puede dar cualquier discusión política.

La lección que podemos sacar del caso López, es que la defensa de la libertad de expresión y del derecho a pensar diferente, no sólo constituyen algo exigible a cualquier posición política, sino que su importancia llega a tal nivel, que no sería posible defender exigir ningún derecho, o idea alguna, si estos principios llegasen a suprimirse. Cuando no existe libertad, no existe política.

Algunos dirán que esto en Chile no pasa, otros intentarán empatar con sucesos de hace décadas atrás, pero este año, levantando una voz disidente en la política estudiantil, he evidenciado que existe censura, violencia política e intolerancia. Prolongadas tomas aprobadas por asambleas sobre representadas que privan a muchos de su derecho a estudiar, la legitimación de la violencia como un camino válido, la intolerancia con la que algunos hemos sido removidos de cargos por pensar diferente, la caricaturización, el prejuicio y la discriminación, son todas formas, menos evidentes pero igualmente graves, de condenar a alguien por sus ideas.

«Levantando una voz disidente en la política estudiantil, he evidenciado que existe censura, violencia política e intolerancia» — Ricardo Sande, presidente Feuc 2015.

Porque justificar el atropello al disidente en la defensa de supuestos bienes superiores, tales como “el partido”, “el pueblo”, “el movimiento estudiantil” sólo habla de un desprecio por los derechos de los demás, transformando así el discurso basado en la igualdad y en la democracia, en la supremacía de unos pocos privilegiados.

En momentos de elecciones de países vecinos, elecciones universitarias, procesos constituyentes y reformas profundas, nunca está de más volver a recordar estos principios fundamentales, que distinguen a proyectos políticos que están abiertos a discutir y a contraponer ideas, de aquellos que sin importar los costos, habrán de imponer su visión cerrada de mundo. El caso de Leopoldo López ha causado indignación a lo largo de todo el mundo, pero no podemos omitir esas pequeñas situaciones en las que algunos, tal como los fiscales venezolanos, buscan pruebas para condenar a quien piensa diferente.

Ex presidente @Feuc 2015. Estudiante de Derecho. Gremialista. Consejero político Chile Vamos.